Sociología y modernidad: cómplices de una época anunciada
Martuccelli, Danilo
(1999), Sociologies de la modernité, Éditions
Gallimard, Col. Folio essais/inédit, París, 709 pp.,
isbn: 2-07-041050-1
Si la Modernidad es reacia a toda definición
exhaustiva,
es que su
utilidad analítica proviene justamente de su indecisión
conceptual, de su capacidad de dar cuenta de un gran
número de
fenómenos dispersos en bastantes disciplinas, así como
de un
número no menos considerable de polémicas.
Danilo Martuccelli.
Al hablar de Sociologías
de la modernidad diríamos
que se trata de un pleonasmo, sobre todo cuando se refiere al título de un
libro. Quizá esto es lo que atrae a primera vista de la propuesta de Danilo Martuccelli. Suele suceder con frecuencia que cuando algo
es evidente, se tienden a olvidar o al menos a perder de vista las relaciones
de origen, particularmente cuando se trata de la relación estricta que mantiene
un término, noción o concepto con su descriptor, o, para el caso, se tiende a
olvidar el lazo existente entre formas de abarcar y comprender las relaciones
humanas (sociología) y el espíritu del tiempo que las sustenta (modernidad).
Igual sucede con los análisis derivados de los llamados empirismos lógicos que
se empeñan en buscar las evidencias que fundamenten las teorías de origen, más
que abocarse a describir y comprender lo que es evidente, y no forzosamente
visible, en la dinámica de lo social.
Lo atractivo y a
la vez complejo que se encierra en esta relación (sociologías-modernidad),
inscrita desde los primeros capítulos del mismo libro, no está en el
reconocimiento de que la sociología está inexorablemente vinculada con la
modernidad, sino en el cuestionamiento que recorre todo el análisis del texto;
a saber: si habría sociologías sin modernidad, o si la modernidad hubiera
podido advenir sin el nacimiento de la misma sociología. ¿Quién pudiera negar
que las obras de un tal Maquiavelo, las deliberaciones inertes en unas Cartas
persas o la evocación
del aforismo “cogito ergo sum” (pienso, luego existo) –todo ello
precursor del pensamiento sociológico– serían testimonio y alimento de la
fundamentación misma del proyecto y pensamiento de la modernidad? Más aún, no
falta quien sugiera que con el establecimiento del platonicismo-cristiano
en los siglos iv y vi a.C., el proyecto inscrito en la
modernidad encontraría más tarde las raíces de su emancipación, a partir del
siglo xvi, y por tanto la
necesidad de conformación en un segundo plano de herramientas de análisis,
reflexión y sustento de dichas realidades discursivas construidas.
Poco importa
para nuestro asunto indagar la génesis del pensamiento de la modernidad, sólo
incitaría a entrar en un debate tautológico. Lo que es pertinente no olvidar es
que cada época está estrechamente vinculada con la construcción teórica de sus
realidades. En suma, basta con señalar, independientemente del planteamiento o
la época a la que se haga alusión, que es innegable la constante de que
sociologías y modernidad son discursos y gramáticas que se entrecruzan y confluyen
siendo interdependientes y metacríticas a la vez.
No hay duda de
que la lógica interdependiente entre modernidad y sociologías es conocida por Martuccelli, pues el análisis de textos y de autores parece
reforzar dicha mirada. A decir del autor, la interdependencia entre modernidad
y sociologías se encuentra en la voluntad por parte del análisis sociológico de
construir representaciones globales de la realidad que permitan aprehenderla,
posesionarla. Es decir, tomar conciencia del cambio constante de la realidad
del mundo, de la ruptura con la estabilidad de la tradición que se genera con
el proyecto de la modernidad. En suma, estamos refiriéndonos a la toma de
conciencia de que existe la construcción de un mundo pretendido real que se
valida a su vez con la constitución de una armadura intelectual. Se trata de
crearle a la construcción de un mundo, un discurso, un léxico y una gramática
que la legitime. Recordemos que hay un impacto y una relación estrecha entre el
conocimiento científico y la historia, así nos refiramos a las tecnologías de
guerra que influyen directamente en las estrategias políticas, o bien a las
teorías producidas por la misma sociedad y que influyen en los sentidos de las
acciones de los grupos e individuos.
Sin abusar del
análisis de esa relación, cabe señalar que es precisamente a partir de la
lógica ambivalente, la tensión y el conflicto que se generan en esta
interdependencia, que se encuentran los elementos que guían la reflexión del
libro y la selección de los autores y escuelas allí presentados. Efectivamente,
se trata de un documento en el que se analiza no solamente el aporte de
diferentes autores emblemáticos de la teoría social (14 en total), sino también
su relación intrínseca con la construcción de problemáticas afines con el
proyecto de la modernidad. Así, más que introducir al lector al análisis
sociológico de escuelas y autores, se trata de reflexionar, con base en ellos,
sobre la modernidad misma, como si se tratase de un itinerario reflexivo del
siglo xx, arrojando a la evidencia
la constitución valórica de la misma modernidad.
Todo lo anterior
se sustenta en la medida en que, por una parte, la noción de modernidad
denota un ‘espíritu
del tiempo’ cuya base
y fundamento es la constante contradicción y renovación con su propio presente.
El proyecto de la modernidad ha engendrado los fenómenos de la implosión, de la
autodestrucción y de la autocrítica, que son fácilmente visibles con la llamada
racionalización (una de las características innegables del pensamiento
de la modernidad). Toda la dinámica de la modernidad se puede encontrar en la
voluntad, primero, de reemplazar el esoterismo del politeísmo de los valores
por la imposición de una sola divinidad (teodicea), luego con la pretensión de
privatizar la evanescencia de un único Dios (secularismo), pasando por la
muerte del mismo ser humano (nihilismo), hasta llegar a la reforma y
reestructuración de la sociedad misma (posmodernidad). Esto ha traído como
resultado la constante de la diferenciación social entre un mundo y sus ideas, entre
grupos de pertenencia y fragmentaciones grupales, entre lo tradicional y lo
nuevo. Es como si el sentido de existencia del proyecto de la modernidad se
sustentara en la renovación constante de su dinámica, aunque ello signifique la
renovación de sus mismos principios y la exacerbación de autocrítica de su
mismo proyecto. En suma, sociologías y modernidad no representan más que la
relación estrecha entre realidades construidas y herramientas de análisis que
las sustentan.
Por otro lado, el
vocablo sociología
contiene la intensa preocupación de entender, comprender, descifrar, solucionar
esa contradicción-renovación planteada en el proyecto de la modernidad. En
otras palabras, las sociologías (en su sentido epocal) son retributivas de las relaciones
de tensión que se viven en la modernidad. La condición
moderna de la
existencia se ve acompañada de sus legitimaciones teóricas y epistemológicas.
Efectivamente,
lo que el texto nos hace ver es que para cada condición valórica inscrita en la
modernidad y para cada problemática influida por la realidad hay una teoría,
una escuela o un pensador representativo. Lo anterior es un suceso que se
repite además de manera constante y concomitante a lo largo del tiempo, y que
el libro que aquí reseñamos magistralmente destaca. Es por medio de los aportes
teóricos, de las construcciones conceptuales de cada escuela, que se puede
analizar la llamada modernidad. Se trata de una crítica desde la sociología del
conocimiento que hace de los teóricos mismos los testimonios de los elementos
contenidos en el proyecto de la modernidad.
Son tres los
elementos centrales constitutivos de la dinámica de esta modernidad, y que
fungen como ordenadores del texto y como líneas de reflexión del libro; a
saber: la racionalización, la diferenciación social y la condición
social de la
cotidianidad.
Cada uno de
estos elementos ha encontrado vida en teorías y escuelas durante más de tres
generaciones de teóricos sociales y que representan las principales etapas en
la generación de la teoría social durante más de cien años de existencia. Estas
generaciones se pueden caracterizar como sigue: la generación de los fundadores
o clásicos de la sociología, seguida por la de los sociólogos modernos o
industriales, después por la de los llamados sociólogos contemporáneos o
postindustriales, y finalmente, la de los sociólogos del mundo actual y de la
globalización.
Así, para
representar la reflexión en torno a la diferenciación social, el autor refiere a autores como E.
Durkheim, Talcott Parsons, Pierre Bourdieu y Niklas Luhmann, que dan cuenta de
la manera como las diferentes teorías sociológicas han ido a la par con la
conformación normativa y moral de la sociedad.
En el mismo eje
de análisis, Danilo Martuccelli estudia a autores
como Max Weber, Norbet Elias,
Herbert Marcuse, Michel Foucault y Jürgen Habermas para dar cuenta de la dinámica de la racionalización, concepto básico en la fundamentación
del proyecto de la modernidad en las sociedades occidentales, y que ha
atravesado a la vez la historia misma de las sociologías.
Finalmente, para
hablar de la condición moderna de la sociedad, el autor refiere a la
escuela de Chicago y evoca a autores como Georg Simmel,
Irving Goffman, Alain Touraine
y Anthony Giddens, quienes han dado voz en sus planteamientos
reflexivos a las regularidades cotidianas que se han conformado con la
instauración de la lógica de la modernidad; es decir, regularidades que se han
constituido en el proceso de la racionalización y la diferenciación social.
Así, la organización tanto de los autores como de las problemáticas evocados no
es cronológica de acuerdo con el tiempo gregoriano, y mucho menos responde a
alguna otra propuesta temporal surgida de la historia en tanto que disciplina;
responde a una lógica más entrañable al entrecruzamiento y concatenación del
tiempo. Una organización en espiral, si así se puede decir…
Entonces, para
cada problemática social existe una representación de teóricos y escuelas
específicos. “Sociologías” invocaría, así, no solamente la pertenencia a una
escuela de pensamiento o la nominación de un sociólogo en particular, sino la
imbricación de todas estas problemáticas en un análisis integral y global de la
realidad social. Es evidente, entonces, que en un proceso donde se exacerba la racionalización de la vida, se genera una diferenciación
social de envergadura
que influye de una u otra manera en la condición social de la vida cotidiana de las
sociedades, de los grupos y de los individuos.
De esta manera,
organizar la reflexión en torno a la teoría social (sociologías) que se ha
generado en ciertas escuelas sociológicas a lo largo de la historia de la
disciplina, significa de igual manera establecer el estudio de lo que ha sido
el llamado proyecto de la modernidad a partir de las problemáticas que se
entrecruzan y se concatenan. En suma, se trata de un estudio que nos permite
aprehender nuestro tiempo y nuestra memoria del mundo vivido por medio de las
problemáticas que algunas escuelas han destacado, y no por medio del
protagonismo de un autor o la esquematización del conocimiento sociológico en
tiempo lineal.
En esa
organización reflexiva del libro, nos encontramos con una propuesta que se
aleja profundamente de tantos otros manuales de sociología que surgieron poco
después del mismo nacimiento y legitimación de la disciplina, sobre todo a
partir de los años cincuenta; verbigracia, el emblemático libro de sociología
de Ritzer, o incluso el mismo libro de Jeffrey
Alexander. Se podría decir que la propuesta de Martuccelli
actualiza la voz que tendría el clásico libro de Nisbet
sobre la Tradición sociológica.
Lo anterior nos
llevaría, al menos por lo que podríamos entrever en la lectura del texto, a
responder al planteamiento inicial de que no habría sociologías sin modernidad
y viceversa. Sin duda, cada autor o escuela, organizados esquemáticamente en el
libro, representa una problemática que se ve atravesada con la reflexión de
otra problemática que corresponde a otra escuela y a otra época o generación de
sociólogos. Este aspecto no sólo nos invita a entender la dinámica misma de la
modernidad, sino que también nos permite dar cuenta de la continuidad de las
diferentes reflexiones dominantes durante todo el siglo xx. De esta manera, se puede
observar que la anomia o la patología de la
modernidad ha constituido
una obsesión no sólo de la sociología durkheimiana,
sino que también lo ha sido de otras escuelas o autores, como la escuela parsoniana, donde la integración perfecta y la
coordinación de las acciones constituyen
el otro lado de la moneda, o, si se puede decir, el otro lado de la obsesión
teórica que se complementa con la de su antecesor. Incluso las lecturas
de la dominación o la
noción del habitus,
caras a Pierre Bourdieu, dan cuenta de la misma obsesión societal. Todo ello sin olvidar, evidentemente, la
influencia que un Parsons ejerció en la
problematización de la contingencia a través de la
diferenciación o los
sistemas autorreferenciales de
Niklas Luhmann.
Lo mismo sucede
cuando hablamos de la jaula de hierro, el retorno y
la pérdida de sentido y
la guerra de los dioses entrañables
a la sociología weberiana, y que se ven
complementadas con la lectura de un Norbet Elias y su proceso de civilización como
racionalización, o
bien con la lectura de un Herbert Marcuse y su conocida racionalización
unidimensional, o
incluso cuando nos referimos a la racionalización como sujetamiento de
los individuos característica de los análisis foucaultianos.
Dato curioso de encontrar un puente entre el problema de la racionalización y
el de la diferenciación social en las reflexiones habermasianas
alrededor de la ruptura de la concepción unitaria
del mundo y las
promesas de la modernidad.
Finalmente, cabe
elogiar el protagonismo dado en el texto a Georg Simmel para emblematizar la
reflexión en torno a las formas sociales,
la vida mediada y
la tragedia de la cultura,
que se ven auspiciadas en un segundo tiempo con las reflexiones sobre la ciudad
y la modernidad, la desorganización social y el hombre marginal de la Escuela de Chicago. Más aún, la
reflexión alrededor de la condición moderna se ve consolidada con los aportes de las
realidades múltiple, frágil y furtiva de
un Erving Goffman, las
problemáticas de la sociedad programada, el retorno
del sujeto y
el relato de la modernidad expuestas
por Alain Touraine, o bien con las indagaciones de la
teoría de la estructuración,
la llamada modernidad tardía y la reflexividad y auto-identidad
de Anthony Giddens.
Todas estas
secuencias no hacen más que corroborar que enfoques y preocupaciones teóricos
particulares sobre la modernidad han podido ser transmitidos a lo largo de la
historia de la disciplina y que todos ellos forman, parafraseando al sociólogo
de lo cotidiano, tribus que como tales son cómplices de sus
mismas obsesiones teóricas.
La cuestión de
fondo de todo esto viene precisamente con el plural de sociología, y no se trata de puntillismo
maniático de número, ni tampoco, creo, de una tendencia políticamente correcta,
en tiempos que así se exige, por parte del autor al empecinarse en hablar en
plural. Más bien se trata de toda una lógica inscrita en la construcción de
sentido de una época que ha permeado todas las dinámicas societales
a lo largo del siglo xx.
No es casual tampoco que haya una breve mención de las llamadas sociologías de
la posmodernidad. Allí una vez más la pertinencia de retomar la cuestión de si
habría modernidad sin sociologías... Es precisamente porque la modernidad puede
tener diversas interpretaciones, diversos análisis, diversos enfoques, que era
necesario hacer un trabajo de reflexión al respecto. No obstante, parece claro
que las sociologías a las que se hace alusión en el texto corresponden,
ciertamente, a una diversidad de enfoques, pero bajo el esquema de una
modernidad específica. Quizá la clave de lectura del libro mismo tenga que ver
con el hecho de que se hace alusión a una modernidad concreta, a la modernidad
occidental instrumental y sus corolarios, como son las sociologías de corte
explicativo (exceptuando la de Weber, Simmel y Goffman).
Por lo pronto,
limitémonos a dialogar con lo establecido y que parece más evidente en el libro
aquí reseñado; a saber: la dependencia de ciertas sociologías respecto a la
dinámica que representa la modernidad en sí.
Existen varios
aspectos, mencionados en el texto, que hacen que la modernidad sea inseparable
del nacimiento formal dominante de la sociología:
a) Ella
da cuenta de una sociedad contemporánea; es decir, de una sociedad que vive en
un tiempo presente y que se proyecta en un futuro, conteniendo por lo tanto un
cuestionamiento en relación con su pasado. El presente es la esencia de lo
vivencial, sin dejar de perder su dependencia de los referentes del pasado, que
le permiten asumir un futuro particular.
b) La
modernidad da cuenta principalmente de las incertidumbres que se generan con la
dinámica de lo vivencial y el constante cuestionamiento a formas establecidas,
de manera que la sociología se ve forzada a crear en cada momento sentido a las
prácticas sociales, mismas que se ven atravesadas por esa tradición de lo nuevo
inscrito en la lógica de la modernidad. La cuestión, en todo ello, es que
siempre quedan resquicios de incertidumbre que las sociologías no llegan a
borrar, lo que explica la continuidad de escuelas y problemáticas en la
conformación de la teoría social.
c) La
modernidad proviene de este doble movimiento de construcción de
representaciones globales y la conciencia inmediata de esta distancia con la
realidad. Se trata de la conciencia que se genera entre la distancia simbólica
que hay entre el pasado y el presente, entre la tradición y la renovación.
Por tanto, es
necesario tener en mente tres fases principales que fundamentan el relato
sociológico de la modernidad:
a) La
distancia resentida por el actor entre sus expectativas y la realidad.
b) El
resentimiento y la toma de conciencia de encontrar dinámicas contrarias a sus
costumbres.
c) La
necesidad de ordenar esta vivencia, al tiempo de conformar una estructura
interpretativa que haga menos extraña su comprensión.
Esto significa
que las sociologías de la modernidad nacen de la conciencia de la distancia que
hay entre el presente y el pasado y de la tensión que hay con esta extrañeza de
la experiencia.
Por ello, el
autor se pregunta hasta qué punto la sociología es inseparable de una toma de
conciencia histórica del sentimiento de ruptura con el pasado. El vocablo
ruptura toma aquí toda su importancia en la dependencia de la sociología con la
modernidad, pues ella da cuenta de la continuidad de la tradición de lo nuevo
que se da en la dinámica propia de la modernidad, y de la necesidad cada vez
mayor de dar sentido a cada modernidad que se inventa y reinventa hasta
oponerse a ella misma. De ahí surge la exigencia de analizar cada época interna
en el proceso mismo de la modernidad. Esto es lo que significa analizar, a
partir de la sociología del conocimiento, o a partir de la meta-sociología, los
aportes de la teoría social y su conexión con el “espíritu del tiempo” que los
envuelve.
Parece entonces
que la lectura de la modernidad propuesta en el texto se enfoca principalmente
en una visión de desgarre, de fragmentación, de constantes jaloneos entre los
actores y el sistema. Esto deja entrever una visión teleológica que, sin duda,
es el reflejo de la modernidad dominante en el siglo xx y de las miradas evocadas en
la teoría social. Ahora bien, es precisamente esta visión, asociada con los
autores y las escuelas esbozados, lo que amerita una detenida lectura del
texto, pues esclarece muy de cerca la relación del proyecto de la modernidad
con la producción teórica.
Visto de esta
manera, el libro presenta un enfoque de la modernidad de corte dialéctico más
que integrativo, pues hay un empecinamiento por parte
del autor en dar sentido y describir estas incertidumbres, estas rupturas, esta
ambivalencia de la tradición a lo nuevo, y se olvida o se distancia, en el
mejor de los casos, de una mirada de conjunto donde las rupturas y
resquebrajamientos no serían más que parte de la dinámica societal
que se ha vivido con el proyecto de la modernidad, y donde los procesos de lo
imaginario, los sentidos de pertenencia, las emociones vividas en la
cotidianidad, son los que subrepticiamente han conformado lo social. La
evocación de autores como Simmel alude a estas
dinámicas, que sin embargo se pierden frente a la vastedad de los demás autores
que han fijado su mirada más en la visión de fragmentación, dualidad o
dicotomía de la realidad social.
El paradigma de la
modernidad
Esta
problemática, definida así, nos permite cuestionar si la noción de modernidad
no haría referencia a la noción de paradigma (en términos de Khun), que no es otra cosa que la capacidad de un término
de convocar a un grupo de estudiosos a debatir y reflexionar al respecto. Se
trataría de paradigmas en el interior mismo de lo que dio sustento al
advenimiento de la sociología, pues, como se puede ver en el libro, no hay duda
de que la reflexión en torno a la modernidad ha invocado a diferentes escuelas
y posicionamientos investigativos que, confluyendo en una misma temática desde
diferentes enfoques, han dado vida por más de cien años a la disciplina.
Gramáticas de la
modernidad
Hay dos lecturas
que se complementan en el libro y que nos dan pauta para decir que se trata de
una propuesta bastante innovadora para hablar de dos temas: modernidad y
sociología, desde dos miradas: pedagógica y heurística. Las dos lecturas
podrían ser clasificadas como técnicas y críticas.
Aspectos
técnicos:
1. De
manera general y un poco más en la superficie, se puede decir que el libro
podría ser efectivamente un pretexto para hablar, a partir de diferentes
autores, sobre el tema que le atañe al autor: la
modernidad; es decir,
un tipo específico de modernidad. Esta modernidad es claramente la que Weber
señala en la introducción de su polémica obra sobre el
espíritu del capitalismo y la ética protestante; es decir, la modernidad que promueve
la racionalidad instrumental y la constante inversión en la construcción de
empresas y proyectos nuevos.
2. En
segundo lugar, se podría hablar, sin duda, de un libro de iniciación al
panorama de la reflexión sociológica desde el fundamento mismo de la existencia
de esa reflexión, lo cual si bien nunca va a reemplazar las fuentes originales,
sí nos permite imbuirnos en un modo de leer la sociología.
3. También
se trata de un diálogo entre sociólogos que evoca otras lecturas más allá de
las que pudiéramos tener directamente de los teóricos de la sociología. Es una
manera de sacarle más jugo a lo que se creía que ya no se podía exprimir. En
otras palabras, darle vida a los clásicos y a los autores que se presentan como
verdaderos constituidores de escuelas de pensamiento.
Aspectos
críticos:
Estos aspectos
son los más significativos en la obra, pues son los que distinguen a esta
propuesta de muchas otras, pero que por supuesto no está separada de los
aspectos técnicos ya mencionados.
1. Se
trata efectivamente de una lectura socio-histórica sobre la sociología, sobre
el recorrido de la sociología en sí misma en el siglo que acaba de concluir.
Esta lectura se inscribe en un análisis que se podría denominar
meta-sociológico, o de lo que unos llaman la sociología del conocimiento. Esto
significa que no se trata de una lectura que haga teoría per
se, sino que habla de
la construcción de la teoría en sí, dialoga a propósito de la teoría misma, lo
cual ya representa una contribución mayor al mismo conocimiento sociológico.
2. Ahora
bien, además de tratarse de una lectura crítica sobre la sociología, la
elección de ciertos autores contribuye a visualizar la manera como ciertas
miradas y temas han dominado en el ámbito de la producción investigativa. Esta
combinación hace que la lectura ofrezca nuevas alternativas de acercamiento,
otros enfoques tanto a los autores y a la sociología como a la noción misma de
modernidad. Se trata por tanto de una lectura hermenéutica de la sociología; es
decir, de una lectura re-actualizada, tomando en cuenta el momento, las
coyunturas y los tiempos que se viven, no sólo de los autores en su tiempo,
sino también de los autores que han hablado de los mismos autores en otros
tiempos. En suma, no es lo mismo la lectura de Weber por parte de sus
contemporáneos, la lectura que hizo Parsons de Weber
o la que hizo Giddens de Weber a partir de Parsons. Éste es sin duda uno de los aspectos más
relevantes del libro. Por tanto, la lectura que se hace de los autores escogidos
refleja claramente las preocupaciones y concepciones de nuestro tiempo, que no
es sino la fragmentación, la separación, el pluralismo, etc.
3. Finalmente,
se trata de una lectura analítica de la modernidad en términos epistemológicos;
es decir, de una de-construcción sobre la manera como se ha ido constituyendo
el análisis mismo de la modernidad.
Para llevar a
cabo estas lecturas, el autor parte de lo que se conoce como el análisis matricial de la modernidad, que es en cierta
medida la manera como se puede comprender la continuidad de la reflexión
sociológica y al mismo tiempo subrayar el rol activo que esta intuición inicial
tiene en cada uno de los autores cuando interpretan la modernidad de su tiempo
e intentan responder a los cambios históricos y sociales de su época. La matriz
como clave de análisis permite estructurar las múltiples maneras de escribir la
historia de la sociología y de sus divisiones. Nos permite ver cuál es la
visión de la modernidad que está en juego en la obra de cada autor
seleccionado, y también, cuáles son los enfoques políticos que están en juego
en cada época. Cuáles son pues los contornos y las inflexiones de estas
matrices.
Finalmente, la
idea de matriz insiste sobre la profunda continuidad de la mirada sociológica a
lo largo del siglo xx
e intenta dar cuenta de los procesos históricos en los que está imbuida cada
modernidad, lo que lleva a generar un arsenal imaginativo mayor en la teoría
sociológica que permita dar cuenta de dichos procesos.
En otras
palabras, la utilización de la matriz como herramienta de lectura de la
sociología y la modernidad, nos permite situarnos en un enfoque intermitente,
en un nivel meso entre los puntos comunes y las diferencias de los autores y
escuelas con su coyuntura histórico-geográfica; verbigracia, el análisis del
individuo que realiza cada versión sociológica.
Hay dos aspectos
a tomar en cuenta antes de concluir con este punto: primero, el hecho de que se
hable de matriz, y no de matrices. Efectivamente, al hablar en términos de matrices
nos vemos forzados a hablar de una diversidad de posibles aspectos que permitan
describir la dinámica observada, o, en todo caso, reflejar las posibles
preocupaciones sociológicas que se puedan esbozar en torno a la dinámica de la
modernidad. Precisamente, si algo se subraya de la historia de la sociología, y
es aquí el punto nodal del porqué se habla de una sola modernidad y no de
modernidades, es que la disciplina precisamente se ha dividido en diferentes
matrices analíticas, hecho que ha generado que se presuponga en la actualidad
la existencia de fragmentaciones y querellas entre corrientes sociológicas,
sobre todo en torno a la manera como se deben estudiar los fenómenos sociales.
No entraremos mucho en debate al respecto, pues nos saldríamos del tema
específico del libro; sólo basta con decir que al menos dos tipos de
modernidades se han gestado, asociadas con dos escuelas de pensamiento
específicas, y que el autor privilegia una de ellas. Nos referimos a la modernidad
vacía, heredera de un
platonicismo cristiano donde la realidad se pretende
controlar, manipular y explicar, y a la modernidad
plena, vertiente de
un aristotelismo cuya meta es comprender un mundo complejo y vasto. Es
evidente que la modernidad que se favorece en el análisis del texto es aquella
influida por formas explicativas de ver el mundo social. De ahí la elección de
los autores y de las miradas teóricas.
Se pudo haber
pensado en otros autores y escuelas para reflexionar en torno a la modernidad y
a la producción de teoría social. Autores que irían desde Dilthey,
Husserl, Alfred Schütz, Bachelard, Bergson, Gabriel
Tarde, Garfinkel, Balandier,
Edgar Morin, Gilbert Durand,
Pierce, Mead, Wright Mills, entre tanto otros, pero
la elección de estos autores hubiera llevado a hablar de otras modernidades y
de otras sociologías que sin duda no han predominado en el mundo de las ideas
sociológicas, aunque han acompañado a la historia sociológica dominante. Ahora
bien, cabe insistir en el acierto del autor de reflexionar sobre las propuestas
de Simmel, la Escuela de Chicago y Goffman, que sin duda han sobresalido de la propuesta
explicativa de las demás escuelas y autores, y que defienden y se acercan más
al otro tipo de modernidad a la que nos referíamos. Es un acierto en la medida
en que en la actualidad, las problemáticas dominantes tienden a rescatar o a
hacer un llamado a estas otras propuestas interpretativas. Sólo nos queda
señalar que faltaría seguir con los planteamientos del autor complementándolos
con otra obra que incluyera a dichos autores.
Ahora bien, para
concluir con la reflexión sobre la matriz como herramienta de análisis para
leer la complejidad de la realidad social, es necesario mencionar que los ejes
ordenadores insertos en la propuesta del autor son el
orden y
la libertad. En
efecto, se trata de dos ejes analíticos que se contradicen, se contraponen pero
se complementan. Si hay algo que caracteriza a todas las propuestas teóricas, y
a la preocupación de todos los autores seleccionados en este libro, es la
obsesión por encontrar un orden en un espacio de libertad. No hay nada más
claro para describir efectivamente los supuestos valóricos
sobre los que descansa la modernidad dominante (con todo y sus contenidos:
diferenciación social, racionalización y condición moderna) que estos dos ejes
investigativos. Sin duda encontraremos aquí, de igual manera, los presupuestos
de un pensamiento que consolidaron el cristianismo reformado, tal y como Weber
hace cien años lo manifestó con el ascetismo intra-mundano
calvinista.
La matriz que guía
el resto de la lectura a partir de los ejes de investigación: orden y libertad,
es la tríada antes mencionada de la diferenciación social, la racionalización y
la condición social.
En relación con
la diferenciación social, el autor plantea que no ha habido
otro elemento de la matriz de la modernidad que haya marcado tanto la reflexión
sociológica, al punto que ésta es siempre solicitada en las interpretaciones
dadas al proceso de modernización, cualquiera que sea el autor de referencia.
Se trata de la diferenciación que va de lo homogéneo a lo heterogéneo, la
diferenciación que se encuentra en los procesos de la división del trabajo y de
la singularidad que se acrecienta con este proceso. La diferenciación a la que
se hace alusión tiene que ver con la diversificación de grupos, de roles, de
normas posibles, que plantea la problemática de la significación de patrones
culturales y de principios funcionales de integración social. Tiene que ver con
el aspecto de la diferencia y la integración, de la norma y la anomia entre el
equilibrio inestable y la integración moral, entro lo contingente y la
normatividad; aquí se plantea el paso de la reproducción social y de la
inadaptación cultural de los individuos que cargan una historia personal y
colectiva. Finalmente, este elemento de la matriz tiene que ver con la cuestión
de si la diferenciación social no es factor del funcionamiento mismo de la
sociedad.
En lo que
concierne al elemento matricial de la racionalización, el autor plantea que siendo uno de
los grandes elementos de la matriz de la modernidad, es igualmente uno de los
más ambiguos y equívocos. De ahí la necesidad de distinguir la racionalidad de
Occidente como forma diferenciada de actuar en el mundo, junto con su
corolario, que tiene que ver con el estatus de las instituciones modernas, en
comparación con otras formas racionales existentes en el mundo. Pero también
tiene que ver con las posibilidades de emancipación, sea que resulten en
factores constructivos para la especie humana, sea que se trate de factores
destructivos para la civilización o bien sea finalmente que se refiera a la unidimensionalidad de la racionalidad y de su ineluctable
permanencia. Para unos autores, la racionalización es el factor de expansión de
las sociedades, para otros es el factor de disciplinamiento
de los grupos y los individuos, para otros finalmente es la única opción de
comunicación entre los pueblos.
Finalmente, en
lo que concierne la condición moderna, el autor destaca que se trata de un
elemento de la matriz poco explorado anteriormente, de ahí que se señale que se
trata de un tipo de modernidad sociológica distinto al de tipo explicativo.
Esta mirada esta más allá de los juicios morales
entre lo conveniente o no para una sociedad, y más bien destaca la organización
de la sociedad alrededor de las paradojas y las contradicciones de la vida
moderna. Aquí se toma conciencia de otros factores en los grupos humanos que
construyen sociedad, como, por ejemplo, el aspecto fugitivo, errante y eterno
de lo vivencial. Se trata de un análisis de lo transitorio, de lo contingente,
de la manifestación fenomenológica de la existencia, de la situación metafísica
del ser humano, de la importancia de la dimensión espacial en los grupos
humanos. Así, se habla de la astucia, de la socialización, de la fragmentación
de la experiencia como formas de conocimiento de lo social. De esta manera, no
se trata de una perspectiva radicalista donde cada individuo se vuelve el amo
de su destino y de lo que le rodea y de sus propias significaciones, sino que
resalta lo fragmentado del individuo a partir de estas disyuntivas. Ahora bien,
la mirada aquí es que finalmente la modernidad es gozosa de sí misma, con una
formidable explosión de horizontes posibles y abiertos, que están ahí para ser
analizados, sin más objeto que su comprensión en el presente en el que se
observa y se vive.
¿Modernidad o
modernidades?
Sólo nos queda
agregar como frase conclusiva, que el texto aquí reseñado, además de fungir
como recorrido reflexivo de la sociología y de la modernidad, nos da pauta a
otros debates no explorados anteriormente, como el referido al lugar que
retoman en la actualidad otras sociologías pertenecientes a otras modernidades,
ya no digamos aquellas que se ubican fuera del contexto occidental, sino oriundas
del mismo contexto en el que se gestó el proyecto prometeico de la modernidad y
que ha encontrado hoy formas de desgaste. Sin duda esto nos lleva a considerar
el planteamiento en términos de modernidades; es decir, en términos de la
existencia de una pluralidad de formas de relacionarse con el alrededor, y de
la pluralidad de formas de analizar la misma modernidad; ya no quizá con la
mirada de la ruptura y la fragmentación, sino con la de la oposición
complementaria que tienen los contrarios en la conformación de lo social en la
vida cotidiana. Esto nos induce finalmente a corroborar que para un tipo de
acercamiento reflexivo a nuestro tiempo, a un tipo específico de modernidad,
existe una referencia a un tipo específico de sociología. Éste podría ser precisamente
el hilo de Ariadna del documento aquí presentado, pero también de la reflexión
del mundo que vivimos y de las herramientas de conocimiento que le adjudicamos.
A partir de
estas nuevas exploraciones sobre la modernidad, es importante dar cuenta de la
importancia del libro reseñado y de su necesaria traducción en un futuro al
castellano. Esto no hará más que enriquecer nuestros enfoques y acercamientos
teóricos en el mundo hispano.
Daniel Gutiérrez Martínez
El Colegio Mexiquense, a.c.
Correo-e: dgutierrez@cmq.edu.mx.
Daniel Gutiérrez Martínez es candidato a doctor en ciencias
sociales con especialidad en sociología por el Centro de Estudios Sociológicos
de El Colegio de México, a.c.,
maestro en antropología del desarrollo por el Instituto de Estudios del
Desarrollo Económico y Social (iedes), París i
Panthéon-Sorbonne, y licenciado en sociología
económica por la Universidad de París i
Panthéon-Sorbonne. Es profesor-investigador asociado
en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional
Autónoma de México e investigador asociado en el Programa Interdisciplinario de
Estudios sobre las Religiones (pier) en El Colegio Mexiquense, a.c. Ha colaborado en diversos
suplementos culturales de periódicos mexicanos como La
Crónica y Unomásuno, y en revistas especializadas como Estudios
Sociológicos, de El
Colegio de México. Su más reciente libro: Multiculturalismo:
perspectivas y desafíos,
Siglo xxi
Editores-Posgrado, unam-El Colegio de México, a.c.