Dos modalidades de participación ciudadana en política
ambiental
Raúl Pacheco
Vega*
Obdulia Vega
López**
Abstract
In the
sustainable development discourse, citizen participation is a common
denominator, the foundation on which a nation’s development is constructed in a
sustainable manner (ecologically, economically and socially acceptable). There
is a great diversity of participation modes. The purpose of this paper is to
examine two modes of citizen participation in environmental policy making: the formation
of environmental coalitions and consensus-building processes (multistakeholder roundtables or multistakeholder
processes). Our thesis is that society has reclaimed its position in an
incipient democracy, and that participation is a pre-requisite for sustainable
development. We make a descriptive analysis of both techniques in the context
of sustainability and we compare both modes to determine their relevance and
the chances to apply either of them to environmental public policy in Mexico.
Keywords: citizen participation, coalitions, multistakeholder, sustainability, environment.
Resumen
En las
discusiones sobre desarrollo sustentable, la participación ciudadana es el
común denominador, el fundamento sobre el que se construye el desarrollo de una
nación de manera sustentable (ecológica, económica y socialmente aceptable).
Hay una gran diversidad de modalidades de participación. El propósito de este
artículo es examinar dos modalidades de participación ciudadana en materia de
política de medio ambiente: la formación de coaliciones ambientales y los
procesos de construcción de consensos (mesas redondas multiparticipativas
o procesos multiparticipativos). Nuestra tesis es que
la sociedad ha reclamado su posición en una democracia incipiente, y que la participación
es prerrequisito para un desarrollo sustentable. Hacemos un análisis
descriptivo de ambas modalidades en el contexto de la sustentabilidad y
comparamos las dos modalidades para determinar cuál es su relevancia y la
posibilidad de aplicar cualesquiera de ambas al proceso de política pública
ambiental en México.
Palabras clave:
participación ciudadana, coaliciones, múltiples participantes, sustentabilidad,
medio ambiente.
* University of British Columbia. Correo-e:
pachecoh@interchange.ubc.ca
** Universidad de Guanajuato.
Correo-e: ovega@ciatec.mx
1. Introducción[1]
En el discurso
sobre desarrollo sustentable, el concepto de participación ciudadana es
elogiado como la piedra nodal sobre la que se puede fincar un modelo de
desarrollo económicamente próspero, ecológicamente protector y socialmente
aceptable. El involucramiento de la sociedad en la construcción, diseño e
implantación de política ambiental no es ya una opción sino un prerrequisito si
se habla de un desarrollo sustentable. La multidimensionalidad
del paradigma de sustentabilidad no está en tela de juicio: las políticas
públicas deben diseñarse de manera que la protección al medio ambiente se
encuentre intrínsecamente ligada a los esquemas de crecimiento económico.
Ya ningún tipo de crecimiento puede
denominarse sustentable si no involucra medidas de mitigación de daños
ambientales. Sin embargo, a partir de fines de los años 80 y principios de los
años 90, la participación ciudadana ha tomado una relevancia que anteriormente
no tuvo: ahora el público no sólo quiere participar en el diseño de las
políticas públicas en materia de medio ambiente, sino también en su
implantación y evaluación, de manera que la participación ciudadana resulta una
condición sine qua non para
el éxito de los programas de protección del medio ambiente.
Existe una gran variedad de
modalidades para la participación del público en la esfera política. En otros
trabajos (Vega-López y Pacheco-Vega, 2000 y 2001) hemos discutido el papel que
tiene la participación ciudadana en el espectro de instrumentos de política
ambiental de que disponen los gobiernos.[2]
Ahí hemos argumentado que la participación ciudadana está incluida (al menos en
el ámbito conceptual) en leyes, programas y planes de desarrollo (en México, un
ejemplo es la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al
Ambiente).
Sin embargo, es poco discutido que
dicha participación encierra una gran diversidad de conflictos, como
consecuencia, un sinnúmero de preguntas salen a relucir: ¿Quién debe participar
en los procesos políticos? ¿Bajo qué modalidades debe darse esa participación?
¿Es realmente la democracia participativa un modelo realista en nuestra
sociedad?
Más que pretender responder a todas
estas preguntas (si bien importantes, demasiado amplias para ser discutidas a
profundidad en este texto), en el presente artículo, nuestra intención es
describir, a través de una revisión teórica de la literatura, únicamente dos
modalidades de participación del público en materia de política de medio ambiente:
la formación de coaliciones ambientales (ca) para la construcción de
capital social –primordialmente a través de redes de organizaciones no
gubernamentales (ong) ambientalistas– y los procesos de
construcción de consensos –mesas redondas multiparticipativas
o procesos multiparticipativos (pmp).[3]
¿Por qué seleccionamos estas
modalidades? En ambos casos, existe un fenómeno de inducción de cooperación.
Las ca utilizan esquemas de cooperación y
colaboración para conseguir sus metas, a través del diálogo e intercambio de
recursos e información entre los miembros de la coalición. Los pmp se crean, generalmente, como resultado
de la voluntad de un gobierno de escuchar la voz de la sociedad, mediante la
selección de representantes (participantes) en la mesa redonda; en ese esquema,
el gobierno y los ciudadanos cooperan hacia un mismo fin. Por su propia
naturaleza (ya que son iniciados por el gobierno), los pmp gozan del potencial para ejercer un nivel de influencia muy
alto sobre las decisiones gubernamentales, si bien no siempre este potencial
llega a realizarse.
Otras modalidades (como jurados
ciudadanos, referenda, células de planeación, etcétera)
utilizan esquemas de tipo más institucionalizado, y en ocasiones menos
flexibles. En cambio, las ca
y las mesas redondas multiparticipativas son el
resultado de esfuerzos cooperativos (si bien dicha cooperación es inducida) en
los que el grado de colaboración es notable.
Sin embargo, la gran diferencia
entre ambas modalidades yace en los mecanismos de transmisión de presión social
que las organizaciones involucradas en estos procesos utilizan para allegarse
recursos y lograr sus objetivos. Mientras que las ca
utilizan mecanismos de presión social, los pmp tienen una diversidad de mecanismos de inducción del cambio
(que pueden incluir a la presión social, mas no se circunscriben exclusivamente
a ésta). La modificación de la conducta gubernamental (y de los otros actores
involucrados en el proceso de construcción de política pública para el medio
ambiente) proviene de fuentes diferentes en cada caso.
El modelo tradicional de política
ambiental, que trabaja bajo un esquema de tipo proteccionista ambiental, tiende
a tratar los síntomas de un mal manejo ambiental (la contaminación) en lugar de
atacar las causas (incorrecta planeación, falta de capital, desconocimiento y
tecnologías inadecuadas). Por ello, el reto para los gobiernos radica en que
las empresas nacionales sean lo suficientemente dinámicas como para mantener
una operación que genere utilidades sin perjuicio del medio ambiente, y esto
sólo será posible si se involucra a los distintos intereses relevantes en el
proceso de elaboración de políticas ambientales.
Las dos modalidades de participación
ciudadana en política pública ambiental examinadas en este artículo están
fundamentadas en actitudes de tipo voluntario (en el caso de las coaliciones de
ong) y
de cooperación (en el caso de los pmp, donde cada uno de los afectados por un proyecto
participa en la toma de decisiones).[4]
Dichas actitudes forman parte de un nuevo paradigma de sustentabilidad: la
participación hacia la construcción de un futuro común (wced, 1987).
El artículo está organizado de la
siguiente manera: iniciaremos examinando las diferentes definiciones de
participación pública y las escalas de participación en la construcción de
política ambiental. Analizamos el reciente fenómeno de incremento en la
participación ciudadana y las diversas modalidades de participación.
Argumentamos que la sociedad ha reclamado su posición en una democracia
incipiente y que la participación es prerrequisito no sólo en el ámbito
sociopolítico, sino también en la esfera del desarrollo sustentable. Bajo el
mismo esquema, discutimos el papel de la participación ciudadana en el ciclo de
la política ambiental, iniciando con el establecimiento de la agenda pública y
terminando con el proceso de evaluación post-implantación. Los mecanismos de
participación examinados (pmp y ca) se encuentran incrustados en
el espectro de opciones de política pública disponibles para los gobiernos. En
la siguiente sección, hacemos un análisis de los diversos esquemas de
instrumentos de política (sustantivos y de procedimientos), y enmarcamos a los pmp y las ca en esta tipología analítica. Ofrecemos
un espectro de modalidades de participación en el que los pmp y las ca
tienen una relevancia particular. En una sección posterior, ofrecemos un
tratamiento teórico de los pmp y las ca
a través de una diversidad de esquemas analíticos, entre los que se
encuentra la teoría democrática, la teoría de los nuevos movimientos sociales (tnms) y la
teoría de movilización de recursos (tmr). Finalmente, concluimos con una reivindicación
de estas dos modalidades de participación ciudadana con la esperanza de que
puedan ser utilizadas a futuro en la construcción de una política ambiental
sustentable.
2. Democracia y
participación ciudadana
Como bien afirma
Enrique Cabrero (2000), el gran supuesto de las políticas públicas en la
actualidad (como resultado de la tradición democrática) es que la participación
ciudadana es un prerrequisito para la democracia. Sin embargo, para Cabrero,
las políticas así conformadas son más gubernamentales que públicas.[5] En
este caso no haremos dicha distinción. Para efectos de nuestro análisis, las
políticas cuyo objetivo sea atacar problemas de la sociedad de manera uniforme
serán políticas públicas. Sin embargo, del mismo modo que existen discrepancias
de opinión respecto de lo que es o no público, también hay diferencias entre lo
que es la participación pública y lo que no lo es. Existen diversas
definiciones de participación pública. Muy interesantes son las propuestas por
Thomas (1995) y por Renn, Webler
y Wiedemann (1995). Renn et
al. (1995: 2) quienes
definen participación pública como “foros para el intercambio que son
organizados con el propósito de facilitar la comunicación entre el gobierno,
los ciudadanos, los interesados y los grupos de interés, así como los intereses
económicos en relación con un problema”. Debemos hacer notar que Renn y sus coautores utilizan “participación pública” e
“involucramiento del público” de manera indistinta. También es interesante
notar que, en su definición, el término stakeholder o “afectado/participante” no parece
abarcar el rango más amplio de constituencias[6]
con un interés en el resultado de un proceso de decisión. Para efectos de este
artículo, usamos stakeholder o “participante” en el sentido más
amplio.
La definición de Thomas de
participación ciudadana (donde los ciudadanos también son
participantes/afectados) es diferente del involucramiento público
“tradicional”. Thomas plantea que el nuevo involucramiento público se enfoca
“directamente en la implementación de la política, en involucrar al público en
la decisión de cómo poner en operación las políticas que se han adoptado”
(Thomas, 1995: 3). Como resultado, su decisión parece maximizar el ámbito de la
participación del público. Mientras que anteriormente el público era sólo
consultado, la nueva participación ciudadana deberá ser aquella en la que el
público esté involucrado en todas las etapas del ciclo de política.
La participación en ejercicios de
solución de conflictos de naturaleza pública[7]
que utilizan instrumentos de política de tercera generación (Vega-López y
Pacheco-Vega, 2000; Pacheco y Nemetz, 2001) parece
haber evolucionado como respuesta a la búsqueda incesante de un régimen
democrático y efectivo que sea capaz de confrontar problemas y conflictos
ambientales que resultan ser bastante complejos, y que no son fáciles de
resolver por métodos de análisis unidisciplinares,
sino a través de una perspectiva multidisciplinaria. Es por ello que la
participación ciudadana ayuda a mejorar la calidad de las decisiones tomadas en
aspectos de medio ambiente. Al ser el resultado de deliberaciones de todos los
miembros que tienen un interés en el problema, es más fácil poder detectar las
áreas de oportunidad en las que haya necesidad de trabajar. Como dice el viejo
adagio: ‘dos cabezas piensan mejor que una’.
En gran parte, los ejercicios de
participación del público en el ciclo de construcción de política son el
resultado de la búsqueda de una solución satisfactoria a los problemas de
asimetría de información. Dado que no todos los participantes en los ejercicios
de consulta tienen toda la información a la mano, estos ejercicios permiten
ofrecer un espacio de diálogo y consulta en el que el intercambio de
información beneficia a todos los participantes.
Los diversos retos que las
sociedades democráticas modernas encaran han forzado a los burócratas y
políticos encargados del medio ambiente a innovar y tratar de diseñar nuevas
estrategias para hacer frente a dichos retos. Nosotros argumentamos que tres
debilidades primordiales en los modernos sistemas de gobierno parecen ser las
responsables del incremento en la utilización de novedosos instrumentos de
política pública (alternativos a una regulación estricta).
2.1 Fallas
gubernamentales
Existe una
corriente teórica (primordialmente de economistas y científicos políticos de la
escuela estadounidense) que argumenta que la intervención del gobierno en los
asuntos públicos deriva de una falla de los mercados (Weimer
y Vining, 1989). Cuando las transacciones basadas en
el mercado fallan en su intento por producir resultados satisfactorios para
todos los actores involucrados, se genera una falla del mercado, lo cual
ocasiona que el gobierno intervenga. Por ejemplo, la contaminación ambiental ha
sido tratada como una externalidad (una falla de mercado) por la teoría
microeconómica clásica. Dado que el medio ambiente es un bien público (una
forma de falla de mercado), es función del gobierno determinar los niveles de
acceso a los recursos de cada uno de los actores involucrados. Sin embargo,
como la experiencia ha demostrado, dicha intervención no siempre produce
resultados eficientes o mucho menos, deseables. Por lo tanto, las fallas de
mercado pueden originar fallas gubernamentales, lo que genera una necesidad de
desarrollar mecanismos alternativos para la solución de conflictos públicos. Dukes sigue una línea de argumento similar cuando discute
el concepto de crisis de gobierno en su trabajo sobre el enfoque transformativo
de resolución de conflictos públicos (Dukes, 1996),
donde teoriza sobre tres categorías específicas de problemas fundamentales que
encaran las sociedades democráticas modernas:
· Desintegración de la comunidad;
· Alienación de las instituciones y
prácticas de gobierno;
· Incapacidad
para resolver problemas y conflictos públicos.
Su argumento es
que un enfoque transformativo en cuanto a la solución de conflictos
públicos (que permita una profunda integración de la comunidad hacia las
instituciones de gobierno y genere una verdadera toma de decisiones compartida)
sería primordial para resolver los problemas públicos. A través de este enfoque
transformativo, Dukes diseña un nuevo rol para la
práctica de solución de conflictos públicos que pudiera proveer cierto nivel de
apoyo para resolver dilemas ambientales y conflictos de interés.
2.2 La necesidad de
legitimar a las políticas públicas
Puesto que la
legitimación de la política ambiental requiere el involucramiento de la
ciudadanía afectada en el diseño de la solución, la participación ciudadana es
vista como un agente legitimador (Renn et
al., 1995). Como
parte de esta visión, ha habido una serie de intentos para evaluar los pros y
contras de los modelos de acción participativa. Sin embargo, se ha logrado poco
éxito en la empresa ya que los criterios de evaluación son altamente
subjetivos, y se genera el problema de falta de causalidad (el escenario común
o previo a la puesta en marcha del ejercicio participativo) cuando se trata de
establecer relaciones causales entre el nivel de participación ciudadana y el
mejoramiento ambiental. Existen diversas modalidades de participación (comités
o consejos ciudadanos, celdas de planeación, jurados ciudadanos, etcétera).
2.3 El grito de la
democracia
El enunciado de Dietz (citado en Renn et
al., 1995: xvii) con
relación a lo siguiente: “[la] democracia es un modo antiguo de toma de
decisiones sociales que tiene sus raíces en los elementos fundamentales de
adaptación humana –comunicación y aprendizaje social” es primordial si queremos
entender por qué los ciudadanos en una sociedad democrática quieren hacer oír
su voz en la construcción de política pública ambiental. Si es el público quien
tiene que vivir diariamente con las decisiones gubernamentales y adaptarse a
ellas, entonces dichas decisiones tienen que ser comunicadas, difundidas y
validadas por todos los miembros de la sociedad (y en el caso de una
democracia, a través de sus representantes). Este es un proceso de aprendizaje
social que ocurre día a día. Sin embargo, aun en las democracias occidentales,
no siempre los ciudadanos son consultados, lo cual rompe las reglas básicas de
una toma de decisiones pluralista y democrática. Por tanto, es necesario hacer
uso de mecanismos innovadores que permitan a los ciudadanos adquirir poder (empowerment) para tener impacto en el diseño de política pública.
Por tanto, los instrumentos de política pública de tercera generación se están
empleando para mejorar los procesos de toma de decisiones, a fin de convertirla
en una responsabilidad compartida entre los diversos miembros de la sociedad,
oficiales gubernamentales, representantes de la industria, etcétera.
Dukes
(1996) atribuye el incremento en el uso de estos novedosos instrumentos de
participación ciudadana a la naturaleza intrínseca de las sociedades
democráticas contemporáneas. Bajo un mecanismo de regulación
social, como los de
tercera generación, se propicia una arena de política pública dentro de la cual
las estructuras del Estado, los mercados privados y la democracia colisionan.
Por ende, las instituciones políticas actuales fallan en su objetivo de
coordinar y armonizar un diálogo entre intereses que se encuentran opuestos por
naturaleza. Estos mecanismos de participación permiten acceder a soluciones
viables para establecer este nivel de diálogo entre ciudadanos y agencias
gubernamentales.
Por ende, los esfuerzos de
colaboración podrían ser el resultado de un sistema democrático que, a fin de
ser efectivo, reconoce la necesidad de optar por colaborar en lugar de
establecer conflictos en la arena de política ambiental. Sin embargo, la
evidencia empírica y la literatura que hemos analizado parecen indicar que más
que emanar directamente de la democracia como un régimen político, los
mecanismos de colaboración (instrumentos suasivos)
emergen de la falla de sistemas tradicionales de democracia representativa.[8]
Por ejemplo, los sistemas democráticos representativos tradicionales donde los
representantes (diputados, senadores, miembros del Gabinete) son electos a las
cámaras de senadores y diputados, o a puestos de elección popular son
aparentemente incluyentes; sin embargo, la mayor parte del tiempo parecen haber
fallado a las grandes esperanzas puestos en ellos. Por ende, los nuevos
instrumentos de participación ciudadana pueden ayudar a resolver conflictos que
anteriormente se veían como irresolubles.[9]
3. Participación
ciudadana e instrumentos de política pública
Hemos
identificado en otros trabajos cinco etapas primordiales en el proceso de
construcción e implantación de políticas ambientales, siguiendo el modelo del
ciclo de política pública (Vega-López y Pacheco-Vega, 2000). En el marco de la
sustentabilidad, la participación de la sociedad en todas y cada una de dichas
etapas es altamente relevante, ya que el desarrollo sustentable requiere de
analizar las dimensiones ecológica, política y social simultáneamente. Sin
embargo, las modalidades en las que participa la ciudadanía y los instrumentos
de política pública a que recurre son muy variados. También puede parecer
paradójico que la participación ciudadana sea considerada como un instrumento
de política pública y, al mismo tiempo, los ciudadanos puedan hacer uso de
instrumentos de política. Procederemos a aclarar nuestra perspectiva analítica.
Los gobiernos (en este caso, los
gobernantes) seleccionan opciones de política pública de entre una gama
existente. Por ejemplo, un gobierno puede seleccionar un impuesto para
minimizar la contaminación ambiental, establecer una sanción administrativa o
penal para aquellas plantas industriales que contaminen, o establecer una
campaña de educación ambiental con el fin de que las empresas dejen de ejercer
daños sobre el medio ambiente. Todas son opciones de política pública, sin
embargo, todas tienen diversos efectos sobre el comportamiento tanto del grupo
objetivo (la industria) como de los actores externos asociados con éste (la
sociedad, organizaciones no gubernamentales, etcétera). Al analizar la teoría de
instrumentos de política, es posible describir y entender las decisiones de los
gobiernos al seleccionar un instrumento de política pública sobre otro.
Definimos un instrumento de política
pública como aquella actividad o programa utilizado por los actores políticos
para modificar los procesos sociales. En este caso, el actor político debe
cubrir dos características como prerrequisitos para poder influir en los
procesos sociales: primero, tener autoridad para poder influir en procesos
sociales; en segundo lugar, tener legitimidad para efectuar cambios sociales.
El único actor político con autoridad y legitimidad inherente para efectuar
dichos cambios es el gobierno; por ello, de manera inherente la selección de
instrumentos de política es una tarea gubernamental. Ello no quiere decir que
si las ong o la sociedad civil o la industria
desean modificar los procesos sociales, sus quehaceres sean ilegítimos. No
obstante, la autoridad para regular funciones sociales está investida en el
gobierno (la razón por la que votamos por un representante gubernamental es,
precisamente, para que el representante vea por nuestros intereses como
sociedad). Por ejemplo, la función de la policía es regular los procesos de
convivencia social y proteger a la ciudadanía contra aquellos que violan dicha
convivencia armónica. La función de las agencias de protección ambiental es
legítima, ya que la protección del medio ambiente es una función de regulación
social.
Sin embargo, puede parecer
incongruente decir que la participación ciudadana es factible mediante
distintos instrumentos de política ambiental, o que incluso la participación
pueda ser un instrumento de política. De Bruijn y Hufen (1998) mencionan que los instrumentos de política
comparten características de actividad y de objeto. Los instrumentos son
objetos cuando nos referimos, por ejemplo, a la legislación. O pueden ser
actividades, ya sean formales o informales, que afectan un proceso social. A
partir de esta definición podemos inferir que también los ciudadanos pueden afectar
los procesos sociales a través de su influencia sobre el gobierno. De esa
manera, también la participación ciudadana es un instrumento de política y,
simultáneamente, los ciudadanos pueden hacer uso de diversos instrumentos de
política (aun cuando, por razones obvias, los instrumentos regulatorios o
financieros están fuera del alcance).[10]
Más aún, en una versión más refinada
de instrumentos de política, Howlett (1999) hace una
distinción entre instrumentos sustantivos e instrumentos procedurales, en donde los instrumentos procedurales
tienen como objetivo manipular los procesos de política, y los sustantivos
afectan los procesos de otorgamiento de bienes y servicios. Por ejemplo, un
instrumento procedural puede ser un ejercicio de
referéndum, en donde el gobierno hace uso de éste para obtener opiniones del
público. Un instrumento sustantivo puede ser una ley, como la Ley del
Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, en la que se establece lo que
la sociedad debe hacer en términos de protección al medio ambiente y cómo se
regula el número de permisos para contaminar. Bajo este razonamiento,
identificamos a los procesos multiparticipativos y a
las coaliciones ambientales dentro del marco global de modalidades procedurales, ya que influyen las políticas ambientales a
través de procesos cooperativos y de consenso.
Adoptamos en el presente trabajo la
misma tipología de instrumentos de política pública que en un trabajo anterior
(Vega-López y Pacheco-Vega, 2000), en el que diferenciamos tres generaciones de
instrumentos: la reglamentación tradicional (mandato-control o comando-control,
primera generación o ‘palos’), los incentivos económicos o instrumentos basados
en el mercado (segunda generación o ‘zanahorias’) y los instrumentos suasivos (tercera generación o ‘sermones’). Debe
recordarse, sin embargo, que estos instrumentos pueden verse mezclados o
compartir características de uno y otro modelo (por ejemplo, un acuerdo
voluntario en el que existe una sanción inherente o invisible, se convierte en
un instrumento mixto de regulación-suasión). A
continuación, analizamos los niveles de la participación ciudadana en la
consecución de los objetivos del desarrollo sustentable (enmarcados en Agenda
21).
4. Modalidades de
participación ciudadana
Existen diversos
niveles de participación (algunos reales y otros, más que una realidad, son
objetivos a alcanzar, aun en una sociedad del siglo xxi). Una perspectiva teórica
sobre los distintos niveles y las modalidades de participación la ofrece Sherry
Arnstein en su artículo de 1969, en el cual establece
una «escalera de participación ciudadana» (véase el esquema i). Arnstein
argumenta que la participación ciudadana sigue una escala ascendente, en la
cual los peldaños del fondo (terapia y manipulación) son los niveles en los que
no existe participación, el gobierno manipula y proporciona terapia a ‘Juan
Pueblo’. En los niveles intermedios (grados de mantenimiento-consulta,
aplacamiento e información), existe todavía una cierta tendencia a no incluir
la voz del público en la toma de decisiones; sin embargo, la participación
ciudadana se hace más significativa, y el público toma el papel de consejero
del gobierno. En los niveles máximos (alianza, poder delegado y control
ciudadano), se pretende que el ciudadano gobierne junto con el gobernante. Es
un objetivo utópico. Sin embargo, este es el objetivo de las sociedades
democráticas y de la sustentabilidad: lograr que el ciudadano gobierne.
Esquema I
La escalera de
participación de Arnstein

Fuente: Arnstein, 1969.
Obviamente,
distintas modalidades de participación ciudadana tienen distintos niveles de
impacto en el proceso de toma de decisiones en la formación de la política. Por
ejemplo, es notable que el impacto de los niveles de no-participación es nulo.
Sin embargo, a pesar de los múltiples estudios que se han hecho sobre
participación ciudadana, no existe una forma de medir, de manera más o menos
cuantitativa, el grado de penetración en el gobierno o el nivel de influencia
de las modalidades de participación ciudadana en la política pública. Sin
embargo, en teoría, podría esperarse que la política pública esté orientada
hacia la sustentabilidad si las modalidades de participación ciudadana se
encuentran en los niveles superiores (es decir, en los grados de poder ciudadano).
Establecemos a las ca y a los pmp dentro de
los grados de mantenimiento y de control ciudadano por dos razones: primera,
ambas modalidades de participación tienen el potencial para forjar alianzas con
el gobierno (y por ende, lograr los niveles de participación más altos).
Segunda, a pesar de dicho potencial, en ocasiones su papel se podrá ver
limitado a labores de información, difusión y consulta (que si bien no es el
ideal, es mejor que la no-participación). Por ende, es difícil ubicarlas en un solo
nivel, y podrán oscilar desde el papel informativo hasta el control ciudadano y
la transformación del gobierno.[11]
En las siguientes secciones describimos más a profundidad nuestros conceptos de
ca y de pmp.
4.1 El papel de la
participación ciudadana en el desarrollo sustentable
En el campo del
derecho y la política pública ambiental, la acción ciudadana juega un papel
preponderante. Algunos aspectos de esta actividad incluyen:
· El involucramiento en la formulación
y puesta en marcha de la política ambiental.
· La participación en el proceso de
toma de decisiones para la aprobación de permisos de desarrollo y construcción
de nuevas entidades manufactureras y productivas, control de niveles de
contaminación, y proyectos de inversión.
· El establecimiento de estándares
(normas) de niveles de contaminación en casos de industrias particulares.
· El monitoreo de desarrollos
productivos tanto privados como públicos para asegurar el cumplimiento de las
normas ambientales.
· Aspectos coercitivos (hacer valer la
ley ambiental) así como sanciones ambientales.
Anteriormente, la
participación ciudadana en el área de derecho y política ambiental se había
llevado a cabo a través del involucramiento de ciudadanos en la acción política
de ong,
el llamado lobbying o cabildeo, para tratar de influir en
la política y toma de decisiones. En la actualidad, la organización de la
acción colectiva en forma de coaliciones ambientalistas u ong es una modalidad más refinada de participación y cabildeo.
En algunas jurisdicciones, los ciudadanos (de manera individual) pueden tomar
acción para forzar a las agencias o dependencias gubernamentales a actuar en
materia ambiental; en el estado de Guanajuato, un ejemplo claro son los
procesos en los que el ciudadano presenta una denuncia en materia ambiental
contra empresas contaminantes; dichas denuncias son presentadas en instancias
como la Delegación Estatal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente
y la recientemente creada Procuraduría Estatal de Protección al Ambiente, que son
las encargadas de velar por el cumplimiento de las empresas en materia de
control de la contaminación.
Vega-López y Pacheco-Vega (2000,
2001) consideran que la política pública se lleva a cabo a través de un proceso
por etapas, cada una de las cuales posee sus actores, restricciones,
decisiones, desarrollos y resultados propios. Este marco analítico ha sido
estudiado por diferentes autores, pero todos coinciden en que se lleva a cabo
en etapas definidas. Este es uno de diversos enfoques (más o menos homogéneos y
uniformes) para la formulación de política y, de tal suerte, sigue un
procedimiento ordenado, lógico y razonado para atacar problemas de índole
pública. En teoría, este tipo de estructura de construcción de políticas
debería funcionar en cualquier contexto, sea política de salubridad, nutrición,
mineral o ambiental. Sin embargo, la política ambiental tiene aspectos muy
peculiares: su carácter global (que está implícito en la misma naturaleza de
los problemas ambientales) ha cobrado notoriedad, gracias a la creciente
presión internacional sobre países en una etapa relativamente temprana; es
decir, dicha presión llega a los países aun antes de que exista suficiente
acumulación de recursos para ‘jugar el juego’ de la protección ambiental
internacional. La interacción en el esquema global no deja de tener
implicaciones (un ejemplo claro es el Tratado de Cooperación Ambiental de
América del Norte y la controversia entre comercio y medio ambiente), y el
contexto nacional de los problemas ambientales ha sido claramente rebasado.
Adicionalmente, el establecer una agenda de política ambiental cada vez es un
proceso menos estructurado ya que es necesario tomar en cuenta actores
políticos y sociales que no se encuentran dentro de fronteras geográficas
nacionales; por ello, la política ambiental nacional ve minimizada su
efectividad.
La necesidad de nuevos instrumentos
de política proviene de este conflicto de intereses: por un lado, la limitada
capacidad nacional para lidiar con los problemas de índole ambiental, y por
otro, la presión internacional para tomar acciones que minimicen los efectos
negativos de un deficiente cuidado del entorno. El gobierno requiere nuevas
formas de atacar tanto los problemas ambientales de antaño como los actuales,
para proveer respuestas satisfactorias a conflictos que el mismo gobierno ha
creado. Un ejemplo de enfoques previamente utilizados para el análisis de
políticas es el uso de herramientas analíticas de la microeconomía aplicada
(considerando los problemas de índole ambiental como resultado de un mercado
que falla). La teoría microeconómica considera los problemas de contaminación
ambiental como un caso de externalidades. Los instrumentos económicos están
fundamentados precisamente en la formación de incentivos para que las firmas
internalicen sus externalidades.
Existen diversas razones por las que
los instrumentos económicos no son utilizados de manera más amplia. Dichos
obstáculos pueden ser procedurales, institucionales o
estructurales; sin embargo, lo más importante es que, en su conjunto, limitan
la efectividad de la adopción de los instrumentos económicos antes mencionados.
La idea de que el gobierno es un actor único, racional, indivisible, con
información perfecta y que no incurre en costos al tomar o hacer valer decisiones
es una falacia, ya que el gobierno no funciona como una entidad teórica y
abstracta. Las agencias gubernamentales responsables de la formulación y puesta
en marcha de intervenciones públicas son varias, diferentes y en muchas
ocasiones están en conflicto una con la otra. Aún más importante, dichas
agencias están compuestas por personas que tienen herramientas, ideas e
intereses muy diversos, que en ocasiones se ven confrontados y no siempre
existe un consenso de opinión.
Es necesario aclarar que si bien la
Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales ha trabajado extensivamente
en la introducción de los instrumentos económicos como una alternativa de
política ambiental orientada hacia el desarrollo sustentable, en la actualidad
los nuevos enfoques de construcción de políticas sugieren involucrar nuevos
actores, que tengan el efecto de cambiar la forma en la que el juego de la
política ambiental se lleva a cabo. Estos instrumentos, que hemos denominado de
tercera generación, forman parte de un acervo de herramientas específicas que
contribuyen a incrementar la participación de la ciudadanía en la política
pública. Un ejemplo de ello es la incorporación de formas de acción ciudadana,
que incrementa el número de personas que actúan en defensa del ambiente; de
esta manera, las entidades potencialmente contaminantes se involucran en un
proceso contractual y colaborativo en el que se establecen las garantías a las
que tiene derecho el ciudadano (entre ellas, el que se ha dado en llamar derecho
al desarrollo sustentable)
de suerte que sea él un ‘vigilante’ del cumplimiento de las empresas en materia
ambiental. Tanto la formación de coaliciones de ong ambientalistas como el modelo
multiparticipativo de mesas redondas, forman parte de
un conjunto de nuevos enfoques de involucramiento ciudadano en la construcción
de política, y ha cobrado gran relevancia en el área ambiental. Consideramos
que este es el surgimiento de un nuevo paradigma, el de democracia para la
sustentabilidad.
4.2 Instrumentos
promotores de participación ambiental
En muchos casos
de control de contaminación, y más aún, cuando se trata de conservación y
mejora ambiental, existe conflicto de intereses; la imposición de reglas por
parte del Estado no es la única ni es siempre la mejor opción. Por el
contrario, la mayor parte de los conflictos tienen el potencial para resolverse
de manera consensual a través del acuerdo entre los interesados, incluyendo los
representantes del interés público. De la misma forma en que ciertos acuerdos
de negocios se alcanzan a través de la intervención de una tercera entidad que
es capaz de reducir los costos de transacción, en política ambiental también es
posible desarrollar un proceso de mediación a través de la selección de un
árbitro neutral que tendrá la responsabilidad de diseñar el procedimiento
adecuado para resolver disputas y presidir las mesas de trabajo.
La introducción de mediadores en
asuntos ambientales es un instrumento de política novedoso. Está directamente
orientado hacia la redefinición de los patrones de interacción entre las partes
interesadas, creando las condiciones de confianza y credibilidad mutua que
pueden facilitar la construcción de consenso. Más aún, los procedimientos de
mediación se pueden interpretar como un proceso de aprendizaje social, que
tendrá efectos permanentes en la forma en la que los actores se relacionarán
entre ellos mismos en el futuro. De esta manera, es posible decir que el modelo
multiparticipativo (mesas redondas de mediación) es
un nuevo instrumento de política regulatoria basado en el entendimiento de la
forma en la que interactúan los actores políticos y, de manera especial, los
involucrados (grupos de interés) en el asunto o conflicto de índole ambiental;
este instrumento promueve la participación ciudadana en el marco de una visión
democrática para el manejo sustentable de los recursos naturales. Los enfoques
previamente citados han propiciado un incremento en el nivel de participación
ciudadana; de la misma manera, el enfoque multiparticipativo
tiene como fin el hacer partícipes a todos los actores que tienen un interés en
(y en cierta forma, que son afectados por) un problema de índole ambiental.
Este modelo es descrito en secciones posteriores.
5. Coaliciones
ambientales
En el presente
trabajo, consideramos que todas las coaliciones se encuentran formadas por
organizaciones que no son lucrativas ni gubernamentales, por tanto, las
denominaremos ong.
Reconocemos que pueden existir individuos sin una afiliación específica a una ong que
participan en una coalición, y que miembros de la academia y de los cuerpos
científicos pueden formar parte de dichas coaliciones. Sin embargo, las
coaliciones de científicos son denominadas comunidades
epistémicas y
analizadas extensivamente en la literatura sobre relaciones internacionales y
de cooperación.
Para fines de este ensayo, limitamos
nuestra definición de coalición a grupos de personas y a personas que
pertenecen a una ong.
La participación de las ong
en la vida pública es no sólo relevante sino vital para mantener un proceso
político transparente. Al tomar representación de los intereses de la sociedad
ampliada, las ong
establecen relaciones con los diversos actores que permiten a los ciudadanos
monitorear y regular las actividades tanto de los intereses empresariales como
de los elementos gubernamentales. La función de supervisión (watchdog) de las ong ha sido descrita extensamente en numerosos
ensayos en la literatura sobre el llamado ‘tercer sector’. Hay diversas ramas
teóricas de las ciencias sociales que examinan a los grupos de ong a través
de encuadres analíticos muy variados. Por ejemplo, las teorías de relaciones
internacionales examinan el papel de las ong como actores políticos que
intervienen en las interacciones transnacionales, tomándolas como actores no-estatales
(es decir, todos aquellos actores que no son el Estado-Nación). El énfasis en
cooperación internacional a través de estos actores ha sido notorio en la
literatura teórica. Los trabajos analíticos sobre ong ambientalistas y las
relaciones transnacionales que establecen para ejercer influencia en la esfera
de política ambiental nacional e internacional forman parte de la nueva
literatura sobre relaciones internacionales ambientales. Entre éstos podemos
citar los trabajos de Paul Wapner en la esfera
internacional y de Blanca Torres de El Colegio de México en la literatura
mexicana.[12]
La
teoría sociológica examina la formación de redes de organizaciones a través de
perspectivas teóricas como la movilización de recursos (mr) y el enfoque de nuevos movimientos
sociales (nms).
Las coaliciones son, entonces, redes intrincadas de organizaciones e individuos
que colaboran para la solución de un asunto específico (grievance).[13]
En resumen, las ong
y otras modalidades de movimientos de participación son fenómenos sociales que
se forman con el fin de atacar un problema desde una perspectiva colectiva y
producir un cambio social. Los movimientos sociales tienen objetivos comunes,
pueden ser internamente muy diversos y tener un nivel de tensión especial entre
su espontaneidad y estructura. Un movimiento social se conforma a partir de
cuatro elementos: una red de participantes, un asunto a resolver, un incidente
que precipita la movilización y la habilidad de los participantes en el logro
de la movilización. Frecuentemente dicha movilización involucra coordinación y
cohesión entre grupos.
Existe un gran número de teorías que
examinan los movimientos sociales; podemos distinguir dos ramas primordiales:
positivistas, de manera muy relevante la teoría de movilización de recursos (tmr) y la
teoría de procesos políticos (tpp), que son teorías sociales-estructurales que
explican el surgimiento de movimientos sociales como el resultado de fuerzas
exógenas a los individuos; y por otro lado, las teorías constructivistas y posmodernistas,
donde se ubican las teorías de nuevos movimientos sociales (tnms), que enlazan
conceptualmente cultura, ideología e identidad para explicar cómo nuevas
identidades surgen como resultado de los movimientos sociales.
Las tmr identifican a los participantes
como actores racionales que actúan en busca de su propio interés y movilizan
recursos para adelantar su posición y ganar terreno en las negociaciones con
otros grupos.[14]
La ciencia política considera a las ong y a las
redes de estas organizaciones bajo diversas perspectivas teóricas. Dos
aproximaciones iniciales son la teoría de grupos de interés (tgi) o interest group theory y la teoría de redes de política (trp) o policy networks.
La tgi
argumenta que existen muchos grupos de interés que compiten para controlar la
política gubernamental, y que sus intereses en conflicto se contrapuntean y
balancean de manera que proveen un buen gobierno. En este sentido, las
coaliciones se forman como resultado de intereses homogéneos y coherentes de
diversos grupos de interés, para ganar poder político y lograr contrapesar
intereses opuestos. Por su parte, la trp establece que la política pública se lleva a cabo
no en una rígida estructura jerárquica donde el gobierno está en la cúpula y
los grupos de interés se encuentran en el fondo; por el contrario, se lleva a
cabo en un entretejido o red de actores y grupos. Por ejemplo, Martínez (1996:
45) establece que las redes de políticas son “grupos relativamente estables de
organizaciones o actores públicos o privados conformados en alianzas para
promover o defender los intereses colectivos de todos (intereses comunes) o de
una parte (establecimiento de prioridades) de los miembros de un sector a
través de la negociación. Son sistemas horizontales de coordinación entre
empresas, agencias de la administración pública y asociaciones (empresariales y
civiles) que a pesar de que no son impuestas ni están jerárquicamente
organizadas, son más estables que las formas que se basan en el funcionamiento
del mercado”.
La literatura sobre participación
ciudadana se ubica en los contextos teóricos de conformación de organizaciones
sociales, formación de coaliciones internacionales, teorías de movimientos
sociales y la formación de capital social. En nuestro análisis, la intención no
es hacer una síntesis teórica de las diversas disciplinas (la cual se requiere,
pero sería objeto de un trabajo posterior). La perspectiva de este trabajo es
distinta y el análisis está centrado (si bien evidentemente teórico y
argumentativo) en los pmp
y las ca
y su intervención en el ciclo de política pública (desde el establecimiento de
la agenda hasta la implantación), un análisis que utiliza el encuadre analítico
de la teoría de instrumentos de política pública. En trabajos anteriores hemos
detallado el papel de los instrumentos de tercera generación en la construcción
de una política pública orientada hacia la sustentabilidad (Vega-López y
Pacheco-Vega, 2000: 33). En este artículo, avanzamos dicha noción un paso más,
describiendo dos de las modalidades más utilizadas para la participación del
público en política ambiental. De este modo, analizamos el papel de las
coaliciones ambientales y los procesos multiparticipativos
en un espectro de opciones de política pública disponibles para los gobiernos
(específicamente, el gobierno mexicano). Sin embargo, notamos que este
tratamiento es una práctica no convencional y llena un vacío en la literatura
sobre instrumentos de política ambiental, al complementar los análisis
exhaustivos que ya se han hecho sobre instrumentos de primera generación
(regulación o comando/control) y de segunda generación (incentivos
financieros).[15] Al analizar estos
instrumentos de política en el contexto de una política pública orientada hacia
la sustentabilidad, es posible determinar su viabilidad y factibilidad no sólo
técnica, sino política y social.
Definimos coalición como un grupo
compuesto de diversas organizaciones, facciones y formaciones, que se juntan o coalínean para llevar a cabo un objetivo específico. Una
coalición se forma, usualmente, como respuesta a una necesidad en una comunidad
en específico. Las coaliciones pueden variar en cuanto a objetivo, propósito,
intensidad y duración dependiendo de la comunidad y de la necesidad. Algunas
coaliciones se forman para compartir información, ideas, etcétera. Otras pueden
formarse para resolver un problema en particular. Las coaliciones cuentan con
la ventaja de que pueden tener mucha mayor credibilidad que las organizaciones
individuales. También pueden desarrollar un grado superior de apoyo, mayor al
que una organización única pueda obtener. De esta manera, pueden incrementar su
visibilidad y la percepción del público de la relevancia de los asuntos que
tratan de resolver. En el presente trabajo analizamos el papel de las coaliciones
de ong
ambientalistas en los ámbitos nacional e internacional (sin utilizar la
perspectiva de cooperación, sino bajo la modalidad de participación ciudadana).
Existen diversas ventajas en la
construcción de coaliciones. Cuando una organización puede identificar que por
sí sola no tiene las capacidades técnicas o los recursos humanos para resolver
o, al menos, tener un impacto en un asunto en particular, puede decidir que es
el momento de formar una coalición. Los asuntos ambientales son complejos y los
públicos a los cuales hay que llegar, mucho mayores. Frecuentemente, con el fin
de lograr un objetivo, la representación debe abarcar un área mucho mayor y,
por tanto, es necesario incluir grupos con los que anteriormente no se habían
formado alianzas.
5.1 Ventajas de las
coaliciones ambientales
·
Es probable que una
coalición pueda ganar en más de un frente, ya que una organización que trabaja
sola puede atacar únicamente en un frente a la vez.
·
Actuando con un
efecto multiplicador, una coalición incrementa el impacto de los esfuerzos que
aporta cada organización.
·
A
través de las coaliciones, se puede incrementar el nivel de los recursos (y
maximizar la eficiencia). Diversos grupos se pueden beneficiar de los recursos
de los demás, y compartirlos, como espacio de oficina, equipo de cómputo,
accesos a recursos adicionales, biblioteca, etcétera.
·
Una coalición permite
desarrollar nuevos líderes, ya que la diversidad y pluralidad de intereses
representados en ella puede renovar las filas y la militancia.
·
A través de las
coaliciones es posible ampliar el ámbito de influencia de organizaciones, cuyo
trabajo era primordialmente a escala local. Este ha sido, por ejemplo, el caso
de ong
nacionales que forman coaliciones con otras internacionales (Greenpeace, Environmental Defense, World Wildlife Fund, etcétera).
5.2 Desventajas de
las coaliciones ambientales
·
La participación en
una coalición puede aumentar las posibilidades de distracción por trabajos de
otro tipo (por ejemplo, una ong
que trabaja sobre protección de fauna silvestre podría empezar a hacer trabajo
sobre mariposas monarca). Aun cuando potencialmente pudiera ser un beneficio,
la multiplicidad de trabajos puede producir resultados subóptimos.
·
Dado que existe una
diversidad de ong
participando con un nivel distinto de recursos, la coalición es únicamente
fuerte en tanto tenga participantes con una base sólida de recursos que
aportar. De lo contrario, existe el peligro de que la coalición se disuelva.
·
El principio de veto
(un grupo, un voto) que es por excelencia democrático, puede no ser bien
recibido por todos los miembros de la coalición, ya que privilegia grupos que
en ocasiones no pueden aportar el mismo nivel de recursos.
·
La coalición se lleva
la mayor parte del crédito si el trabajo no es acreditado también en las
organizaciones individuales.
Como en todo
trabajo académico, siempre queda la pregunta analítica: ¿qué fenómeno se está
tratando de explicar? En el presente caso, intentamos más que explicar la
formación de coaliciones (cómo y bajo qué condiciones), describir su papel como
mecanismos de participación ciudadana. Sin embargo, la pregunta acerca de la
formación de coaliciones resulta muy interesante, y la exploramos brevemente.
Las teorías de movimientos sociales
argumentan que la movilización de recursos y la acción colectiva generan
cambios sociales. Dicha acción colectiva puede incluir la conformación de redes
de organizaciones (coaliciones) para resolver los asuntos en conflicto. Por
otro lado, la teoría de redes de política pública señala que las redes de
política se forman como respuesta a la complejidad y multidimensionalidad
de los problemas de política pública. Los dilemas en torno a sustentabilidad y
medio ambiente son complejos y multidimensionales. Por ello, es posible
argumentar que las coaliciones ambientales se forman como resultado de la
complejidad inherente de los problemas ambientales, y pueden formar parte de
una red de política pública mayor.
Estas perspectivas teóricas
explican, en parte, el surgimiento de las coaliciones ambientales; sin embargo,
existe una tercera perspectiva, abordada por Pacheco-Vega (1998, 1999), que es
la perspectiva de complementariedad, según la cual las alianzas estratégicas
son el resultado del reconocimiento por parte de las diversas organizaciones,
de su incapacidad para maximizar sus ganancias por sí mismas. Por ende,
reconociendo que los activos que puedan tener otras organizaciones son
complementarios, las organizaciones tienden a buscar una simbiosis en la que
los recursos que cada una aporta complemente a la otra. Esta perspectiva
simbiótica no es puramente altruista, por el contrario, en ocasiones asume una
perspectiva de selección racional (como agentes microeconómicos puramente
egoístas). Sin embargo, la perspectiva de la complementariedad permite avanzar
en el entendimiento de por qué se forman las coaliciones ambientales. Se puede
entonces inferir que las coaliciones ambientales se forman ya que las ong
participantes buscan complementar recursos para avanzar sus posiciones. El
ejercicio de formación de coaliciones es, entonces, un ejercicio de búsqueda de
activos complementarios (Pacheco-Vega, 1998). En la siguiente sección
describiremos otra modalidad de participación ciudadana en la que existe la
cooperación entre agentes, los pmp.
6. Procesos multiparticipativos
Los pmp se han
convertido en la ‘marca registrada’ del movimiento del desarrollo sostenible;[16]
estos procesos conjuntan diversos grupos de interés para ayudar a establecer
agendas, resolver conflictos e incrementar el intercambio de información;
varios factores han llevado a que esta herramienta incremente su popularidad,
entre ellos podemos citar:
·
El surgimiento de
procesos de toma de decisión más participativos en diversos países (por
ejemplo, Canadá y Estados Unidos). Esta dinámica está asociada con la
transferencia de poder hacia la gente que se encuentra en la base de los
conflictos ambientales. Un ejemplo es el papel de las ong en la Cumbre de Río, la
Cumbre Río+5 y la Cumbre de la Tierra (2002).
·
El advenimiento de
aspectos ambientales y cuestiones científicas que involucran grandes niveles de
complejidad, riesgo e incertidumbre; por ende, se ha buscado el apoyo
científico y de organizaciones involucradas para sustentar las decisiones
políticas.
·
Los impactos
ecológicos, sociales, políticos y económicos a escala global son ya bastante
significativos y los grupos afectados querrán verse involucrados en la
construcción de políticas orientadas a la solución de dichos impactos de manera
sustentable.
Los pmp
incrementan el apoyo sectorial y ayudan a que las decisiones sean más
duraderas; pueden, asimismo, incrementar la aceptación de la política pública
que es desarrollada a través de este tipo de procesos. De esta manera, los
representantes políticos cuentan con herramientas innovadoras y propositivas,
de suerte que su toma de decisiones en el terreno legislativo sea más efectiva.
Una de las razones por las que este modelo resulta efectivo es porque tiene el
potencial de reducir conflictos socio-políticos, ya que incrementa el
entendimiento entre los distintos sectores. De esta misma manera, los
representantes y encargados de elaborar las políticas pueden entender todas las
implicaciones y relevancia que tiene un asunto determinado.
Sin embargo, si los participantes
carecen de información de buena calidad, o de herramientas para llegar a un
consenso, sus decisiones no serán más sustentables que aquellas obtenidas por
procesos menos participativos. Los pmp tienen el riesgo de que si las mesas redondas no
están conformadas por personas informadas y con habilidad para llegar a un
consenso, pueden originar conflictos.
El
diálogo multiparticipativo requiere un moderador con
la habilidad de establecer una atmósfera de cordialidad, confianza y debe ser,
asimismo, capaz de asegurar que todas y cada una de las voces participantes
sean escuchadas. Dicho moderador debe también enfocarse en las necesidades
humanas y no en posiciones políticas rígidas y carentes de flexibilidad.
Además, para que los procesos basados en consenso (por ejemplo, pmp) tengan un
impacto duradero, se requiere que las negociaciones en las mesas redondas estén
basadas en principios que todos los participantes puedan aceptar. Uno de estos
principios es el discurso razonado o discusión equilibrada entre los
participantes; en la práctica, este concepto se relaciona directamente con la
creación de consenso.
El concepto de consenso está
definido con base en la unanimidad de opiniones, es decir, la
construcción de consensos involucra el balanceo de intereses y valores. Las
mesas redondas y otros mecanismos similares representan nuevos estilos de toma
de decisiones, así como enfoques de gobierno innovadores. Como beneficio
colateral, el sostener reuniones multiparticipativas
periódicas durante un cierto tiempo puede redundar en una mejor relación de
trabajo y los participantes en dichas mesas pueden ser llamados a colaborar
nuevamente en grupos de trabajo similares, logrando llegar al consenso de
manera más rápida y efectiva.
Las iniciativas de mesas redondas
pueden servir como un foro para ayudar a mediar y mitigar disputas entre
intereses específicos que se encuentran en conflicto dentro de la sociedad.
Estos nuevos instrumentos de política tienen como propósito ayudar a la
sociedad del siglo xxi,
que frecuentemente se caracteriza por excluir a los ciudadanos de las
decisiones que pueden afectar profundamente sus vidas. La consulta pública es a
menudo considerada como una actividad necesaria para incrementar la legitimidad
de los gobiernos y apaciguar demandas públicas en conflicto. Este es el caso
particular con el desarrollo sustentable donde, de alguna manera, debemos
encontrar un balance entre el medio ambiente y la economía; los ejercicios de
mesas redondas, por tanto, constituyen un componente fundamental de las
recomendaciones plasmadas en el reporte de la Comisión Brundtlandt
“Nuestro Futuro Común”: “… un sistema político que asegure la participación
efectiva de los ciudadanos en la toma de decisiones …” (wced, 1987). Como cualquier
instrumento de política perfectible, el modelo multiparticipativo
tiene ventajas y desventajas, que serán analizadas en las secciones
subsecuentes.
Un pmp agrupa representantes de
diversas extracciones y los reúne para desarrollar consensos y obtener
soluciones duraderas y efectivas a sus problemas comunitarios. Por lo tanto, es
un esfuerzo compartido por todos los afectados por o con un interés en el
resultado de un problema para llegar a un entendimiento compartido y co-propiedad del asunto objetivo del conflicto, de manera
que sea posible desarrollar soluciones a dicho problema e instrumentarlas. Este
proceso emplea la construcción de consensos como herramienta para atacar
problemas de comunidades sostenibles en formas innovativas
que incluyen a todos los afectados por el problema; por tanto, los pmp son de
especial utilidad en proyectos de comunidades sostenibles. Si bien una
estrategia multiparticipativa puede no ser perfecta
para todos los proyectos de comunidades sostenibles, frecuentemente es más
apropiado para este tipo de proyectos que otras estrategias.
Los pmp pueden ser utilizados en
cualquiera de las etapas del ciclo de construcción de políticas; por ejemplo,
una de las actividades del ciclo que más se beneficia del pmp es el establecimiento de la
agenda; sin embargo, su aplicación cubre muchas otras áreas. Los pmp son
herramientas de formulación de política pública cuyo ámbito de aplicación más
fuerte ha sido en aspectos de comunidades sostenibles, y como cualquier otra
herramienta, tiene ventajas y desventajas. Si bien el pmp es un proceso de inclusión
ciudadana en la toma de decisiones, no es una panacea: es una herramienta
sólida de construcción de política pública ambiental, cuyas ventajas y
desventajas se presentan a continuación.
6.1 Ventajas del
proceso multiparticipativo
6.1.1 Involucramiento. Un pmp involucra todos los intereses
relevantes al traer a la mesa de negociación representantes de todos los
sectores[17] con un interés relevante
(a favor o en contra) del área a estudiar en el proyecto. Esto logra varios
objetivos:
· El proceso ofrece un foro a todos los
sectores que se han colocado en una actitud opositora, para identificar y
discutir los asuntos relevantes fuera de un contexto adverso, tal como una
corte o una cámara legislativa, donde frecuentemente sienten la necesidad de
presentar una postura (en muchas ocasiones, desfavorable). Una discusión no
restringida que incluya a las diferentes perspectivas en el asunto de interés
puede conducir al descubrimiento de soluciones mutuamente aceptables.
· Si se pueden identificar soluciones
conjuntas, el proceso multiparticipativo provee de un
mecanismo para aprovechar los recursos y experiencia de todos los involucrados
para poner en práctica estas soluciones.
· Al incluir una gran variedad de
miembros dentro de una comunidad, se otorga prestigio y fuerza al proyecto, de
manera que puede llamar la atención de los observadores y el público en
general; lo que posibilita la obtención de más y mejores resultados, y la
aceptación por parte del público de los productos de la negociación multiparticipativa.
6.1.2 Simultaneidad. Un pmp permite que todos los
participantes puedan analizar aspectos interconectados al proyecto de manera
simultánea. Por ejemplo, para analizar el desarrollo económico y la prevención
de la contaminación de manera simultánea, el equipo multiparticipativo
seguramente requerirá involucrar representantes de bancos, de las secretarías
de desarrollo económico, corporaciones de desarrollo comunitario, ong y grupos
ambientales, así como participantes del público en general.
6.1.3 Inclusión. Un pmp
garantiza que los estratos históricamente excluidos de la toma de decisiones
hagan escuchar su voz de manera significativa en la mesa de toma de decisiones,
ya que la premisa básica de un proceso multiparticipativo
es incluir todas las perspectivas relevantes, considerando que el invitar
afectados atípicamente representados otorga un avance importante al concepto de
justicia social y ambiental, y amplía el rango de puntos de vista y la base
sustentadora de un proyecto.
6.1.4 Incremento de conocimiento y conciencia. El pmp por sí mismo incrementará la
base de conocimientos y la conciencia de los asuntos discutidos. Aun si el
proyecto no es exitoso, el pmp
provee de un mejor entendimiento a todos los participantes de las distintas
posiciones con relación a un aspecto del proyecto.
6.1.5 Minimización de confrontaciones. Un pmp puede atacar un problema que
ha sido o aún es de confrontación. Este tipo de proceso puede tener éxito en
estas situaciones en el caso de que los participantes inviertan una gran
cantidad de tiempo y esfuerzo identificando y justificando sus posiciones en un
contexto que minimiza confrontaciones. El requisito más importante de un
proyecto multiparticipativo es, por supuesto, un
objetivo de proyecto compartido.
6.2 Desventajas del
proceso multiparticipativo
6.2.1 Factor tiempo. Un pmp lleva tiempo, y frecuentemente (aunque
no siempre) requerirá de más tiempo que otras estrategias. Los participantes
necesitan educarse y compenetrarse de los valores del proceso mismo, aprender y
conocer de las distintas facetas de un problema, desarrollar reglas de base[18] y
lograr un consenso.
6.2.2 Riesgo de errores operativos. Si no se lleva a cabo correctamente,
un pmp
puede conducir a una solución de ‘denominador común’ poco satisfactoria. Se
puede llegar a una pobre solución si los participantes sienten que una vez que
un proceso improductivo inicia, debe de continuarse hasta que se llega a algún
tipo de solución, aun cuando podría resultar mejor dar por terminado el proceso
y reiniciar posteriormente.
6.2.3 Identificación de problemas y soluciones en
ámbitos ajenos. Un pmp
puede identificar problemas y soluciones bastante diferentes de aquellos que
los participantes pudieron haber anticipado. Por tanto, esto puede hacer que
las soluciones sean difíciles de poner en práctica; si existen soluciones que
caen fuera del ámbito de trabajo de los participantes, la instrumentación puede
ser muy difícil. Por ejemplo, si un grupo participante, cuyas habilidades están
orientadas hacia el área ambiental o de salud, encuentra que las soluciones
reales de un problema que han logrado identificar radican en prevención del
crimen y educación, el equipo puede carecer de las herramientas para satisfacer
la instrumentación de las soluciones requeridas; por tanto, esto requerirá
transferir el control a otro grupo de trabajo.
6.2.4 Trabajo en equipo.
Un pmp requiere
que los participantes trabajen juntos, aun cuando algunos no estén
acostumbrados a trabajar en equipo, y mucho menos como colaboradores. Debido a
que mucha gente no está acostumbrada a colaborar con quienes tienen
perspectivas divergentes, puede resultar difícil desarrollar el nivel de
confianza, credibilidad, entendimiento y soporte intragrupal
que se requiere para que un pmp
sea exitoso.
6.2.5 Necesidad de un mediador. Un pmp funciona mejor si es dirigido
por un mediador con un perfil de personalidad específico. Este aspecto puede no
ser percibido como importante, sin embargo, tiene una relevancia altísima. El
líder de un pmp
necesita tener paciencia, gran capacidad de escuchar y ser capaz de limar las
asperezas en un grupo para lograr que los diversos participantes partan de la
misma base y colaboren bajo los mismos lineamientos.
6.2.6 Carencia de coerción. Las soluciones que se alcanzan vía un pmp no son coercitivas de la
misma manera que un decreto o un reglamento pueden serlo. Es posible que en un
proyecto se llegue a excelentes soluciones e inclusive a comenzar la
instrumentación sólo para encontrarse con que el proyecto se detiene porque uno
o más de los representantes de los interesados cambia (por ejemplo, si la
administración municipal cambia y el municipio toma parte en el pmp). No pasa
lo mismo en el caso, por ejemplo, de la Ley del Equilibrio Ecológico y
Protección al Ambiente; en este caso, dicha ley es de competencia federal y no
requiere de aprobación por el gobierno municipal o estatal para su aplicación.
Uno de los cambios más
significativos en la teoría de la administración pública y buen gobierno ha
sido el cambio de una democracia representativa hacia una democracia
participativa. Como menciona Vicencio Álvarez:
…debe
reconocerse la pluralidad de intereses activos en las comunidades locales y la
necesidad de tomar en cuenta a los grupos que los detentan en la construcción
de convergencias que hagan de la gestión municipal algo verdaderamente público…
(citado en Merino, 1996).
Reconociendo que
las decisiones que incorporan diferentes intereses son más estables y
duraderas, muchas agencias gubernamentales han incorporado una extensiva
participación pública en los procesos de toma de decisiones relacionados con
áreas del interés de la sociedad. Como uno de los instrumentos de política que
promueve la participación ciudadana, el pmp ofrece un foro en el que se
analizan las distintas perspectivas de la comunidad para administrar los
recursos (naturales, en el caso analizado en el presente trabajo) de manera más
racional e integrada.
Generalmente, un pmp toma la siguiente forma: ya
sea un grupo perteneciente a una comunidad o algunos grupos, necesitan
identificar el problema genérico a analizar (desarrollo de la idea del
proyecto). A continuación, se identifican y reclutan los participantes
adecuados. Una vez que los participantes son reclutados, el equipo responsable
del proyecto deberá desarrollar los lineamientos de base, y tomando en cuenta
dichos lineamientos, el equipo puede iniciar el desarrollo del objetivo
compartido del proyecto, el cual cristaliza la idea original del proyecto. Una
vez que todos los participantes están de acuerdo con este objetivo, el equipo
necesita identificar los recursos que requiere para el proyecto y desarrollar
una estrategia o plan de acción. Una vez que dicha estrategia se pone en
marcha, el equipo de proyecto puede definir indicadores de progreso para
determinar y evaluar si la estrategia está funcionando. Finalmente, el equipo
del proyecto necesitará revisarlo de manera periódica, evaluar el progreso
obtenido y realizar los ajustes necesarios al plan, a la estrategia, o
inclusive a los objetivos del proyecto.
Se ha hablado anteriormente de que
el pmp
involucra la construcción de consensos; este término puede crear confusión. El
consenso requiere un esfuerzo de buena fe de parte de todos los participantes
para alcanzar acuerdo unánime en la manera de enfocarse hacia un objetivo
compartido de proyecto. Esto no significa que no exista conflicto o que todos
obtengan lo que quieren; más bien, quiere decir que pueden tomarse mejores
decisiones si existe un esfuerzo sincero para entender las perspectivas de
otros que están interesados en o son afectados por una decisión. Todos deberían
ser capaces de asumir las decisiones resultantes de un proceso de construcción
de consensos. La construcción de consensos trabaja mejor cuando existe un
número modesto (no muy grande) de tomadores de decisiones que comparten ciertos
objetivos básicos.
Los interesados o participantes son
la columna vertebral del proceso multiparticipativo;
un participante es cualesquier partido político, grupo de poder, distrito
electoral o grupo de votantes, u otro interesado que pueda verse afectado por
la resolución de un problema que sea atacado con el proyecto de sostenibilidad
ambiental. Al involucrar a todos los participantes que se ven afectados por el
problema, en particular aquellos que históricamente han quedado fuera del
proceso de toma de decisiones, se pueden obtener soluciones más efectivas y
duraderas. Un participante puede ser también un grupo cuya experiencia y
conocimientos son esenciales para llegar a una solución efectiva. Se debe
reclutar gente de todos los grupos que tengan distintas perspectivas sobre un
proyecto, para traer a la mesa una visión global y multilateral. El gran reto
(pero también donde radica el poder de este tipo de instrumento) es conjuntar a
todos los participantes (cada uno con su peculiar punto de vista y opinión)
para encontrar e instrumentar soluciones compartidas.
7. Coaliciones
ambientales y procesos multiparticipativos en
perspectiva comparada
El análisis
previo presenta a las ca
y a los pmp
como modalidades de participación ciudadana que se encuentran en un espectro de
nivel de influencia en las decisiones gubernamentales de menor (ninguna
influencia o manipulación del público) a mayor (máxima influencia o control ciudadano).
Sin embargo, ambas modalidades presentan diferencias importantes. En esta
sección presentamos un bosquejo analítico de las diferencias entre ambas
modalidades de participación.
Como describimos en el cuadro 1, los
procesos de múltiples participantes gozan del privilegio de influir en las
decisiones gubernamentales desde adentro, ya que al menos uno de los
participantes en la mesa redonda proviene del gobierno. De manera alterna, las
coaliciones ambientales tienen un mecanismo de influencia externo, ya que
forman redes de cabildeo con las que ejercen presión. Precisamente en la
capacidad de influir el proceso de toma de decisiones desde adentro es donde
reside el gran poder de los pmp.
Podría parecer paradójico que el
peso específico del pmp
sobre la decisión gubernamental es limitado si el mecanismo de presión es
endógeno. Sin embargo, una posible explicación es que precisamente dado que el
representante gubernamental está involucrado en el proceso, al regresar después
de las negociaciones a dialogar con el resto de los representantes
gubernamentales, es posible que su capacidad de implantar las decisiones
tomadas en la mesa redonda no sea tan alta. En cambio, las coaliciones gozan
del privilegio de ejercer presión sobre los gobiernos, y éstos a su vez,
responden mucho a la presión social y de los medios masivos de comunicación.
Por ende, su peso específico resulta mucho mayor que el de los procesos multiparticipativos.
Cuadro 1
Diferencias
entre pmp
y ca
vistas como modalidades
de participación

Fuente: Elaboración
propia.
En
el cuadro 2 detallamos las diversas actividades y papeles que pueden tomar los
dos mecanismos de participación ciudadana, desde la construcción de la agenda
hasta su puesta en práctica.
Como puede apreciarse, ambas modalidades
de participación ciudadana tienen una gran relevancia en todas las etapas del
ciclo de política pública ambiental. El nivel en el que puedan aportar a las
discusiones y/o ejercer influencia sobre las decisiones gubernamentales será
función directa de su capacidad de transmitir el mensaje de la sociedad civil y
permear la sensibilidad ciudadana. También es importante notar la diferencia de
los integrantes en ambas modalidades: mientras que en una mesa redonda de
múltiples participantes pueden estar, entre otros, el gobierno y la academia,
es generalmente una regla tácita que las coaliciones están formadas por
organizaciones del mismo género (ong, académicos, think-tanks, etcétera). Ello también influye en
sus estrategias para ejercer influencia.
Cuadro 2
Actividades de los pmp y las ca en el ciclo de política
pública

Fuente: Elaboración
propia.
8. Conclusión
En el presente
artículo hemos examinado dos modalidades de participación ciudadana: la
formación de coaliciones ambientales (primordialmente, de ong ambientalistas) y el
desarrollo de mesas redondas de múltiples participantes o pmp. En ambas modalidades se
establecen esquemas de cooperación entre el gobierno y los diversos actores
políticos. Las coaliciones ambientales analizadas en el presente trabajo se
suponen conformadas por ong
ambientalistas, quienes tienen un papel preponderante en una saludable vida
política democrática. Los procesos de múltiples participantes otorgan a una
gran diversidad de actores la oportunidad de involucrarse en la ardua tarea de
construir un modelo de política pública más accesible al público y más
legítimo, democrático, y por ende sustentable.
Es una realidad que las ong están
jugando papeles catalíticos en la modificación de comportamientos corporativos
más amigables al ambiente. Es una forma emergente de ‘regulación civil’, en la
que la formación de coaliciones juega un papel decisivo para lograr establecer
estándares de comportamiento corporativo responsable y sustentable. De la misma
manera, la participación en mecanismos en los que existan actores de diversas
etnias y constituencias, así como diferentes
objetivos sociales y de desarrollo, permite establecer directrices hacia la
consecución de objetivos de protección ambiental más altos.
La sustentabilidad tiene como
prerrequisito (ya establecido en Agenda 21) la atención a las diferentes
dimensiones del desarrollo sustentable: económica, social, política, cultural y
ambiental. A través del examen riguroso de las modalidades de intervención en
la política pública ambiental, es posible determinar mecanismos innovadores
para el diseño e implantación de políticas que tengan una orientación netamente
de sustentabilidad, ya que la biosfera con que contamos es sólo una y, de cara
al siglo xxi,
solamente a través de la participación de la sociedad en la solución de los
problemas ambientales podremos dejar un legado a las futuras generaciones.
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Enviado: 6 de mayo de 2001
Aceptado: 28 de junio de 2001
[1] Los autores agradecen los valiosos
comentarios de dos dictaminadores anónimos y de Sigfrido Pacheco Vega. Asimismo
agradecemos el apoyo, con información y sugerencias de Alejandro Natal, Rosario
Rogel, Jacqueline Butcher
de Rivas, José Aranda y Silvia Bolos. Todos los errores son obviamente nuestra
responsabilidad. Raúl Pacheco agradece el apoyo del Conacyt
en el periodo 1999-2002.
[2] La diversidad de instrumentos de
política puede ser mapeada en un continuo de menor a mayor coerción, de menor a
mayor involucramiento del gobierno y de menor a mayor centralización de la
política (para una revisión de la teoría de selección de instrumentos, véase Vega-López
y Pacheco-Vega, 2000).
[3] El término “procesos multiparticipativos” proviene del término en inglés multistakeholder
process.
Dado que no existe una traducción directa del término stakeholder (participante), hemos optado por mantener la nomenclatura
propuesta por Vega-López (1999).
[4] El afectado, interesado o
participante en las mesas redondas se denomina stakeholder, ya que es quien tiene un interés en
el asunto (stake). Este término proviene de la antigua
tradición de apuestas en las corridas de caballos y ha devenido para
convertirse en la palabra clave para denotar aquellos individuos, grupos o
coaliciones de individuos que tienen un interés en el asunto a tratar (véase
Vega-López, 1999).
[5]
Cabrero hace una excelente argumentación a este respecto. Sin embargo,
nosotros nos avocaremos a utilizar la frase “política pública” en el contexto
de una política gubernamental o de Estado de igual manera.
[6] La definición coloquial de constituencia
es: conglomerado de
partes afectadas, es decir, personas que comparten la necesidad de pertenecer a
un grupo, que tienen un interés en un asunto, y que comparten una problemática.
[7] Es importante hacer notar que el
carácter intrínseco del medio ambiente como un ‘bien público’ (de acuerdo con
la teoría microeconómica neoclásica) hace que los conflictos relacionados con
aspectos ambientales sean también de naturaleza pública.
[8] Un excelente artículo sobre los
límites de la Reforma del Estado y la democracia participativa es el trabajo de
José Luis Méndez (1996).
[9] Es de hacer notar, sin embargo, que
la participación ciudadana tiene sus límites. Una excelente argumentación al
respecto la proporciona Rodolfo Canto Sáenz (2000).
[10] Los instrumentos regulatorios no
pueden ser utilizados por la ciudadanía a menos que sea a través de un litigio,
ya que la ley es impuesta por los gobiernos. Sin embargo, dicha ley debería (en
teoría) tener un sustento sobre la decisión de la sociedad en general. El mismo
caso ocurre con los instrumentos económicos.
[11] Cabe recalcar que la única manera
eficaz de determinar la localización de ambas modalidades de participación en
la escalera de participación de Arnstein sería a
través de un estudio empírico de casos –preferentemente con múltiples casos y
múltiples niveles y escalas de participación–, lo cual obviamente presenta
grandes dificultades metodológicas. Aquí no hacemos este tipo de análisis
empírico, sino un estudio argumentativo lógico de la literatura y desarrollamos
propuestas propias.
[12]
Véanse Wapner (2000) y Torres (1999), quien también
ha escrito sobre la formación de coaliciones de ong y su influencia en la
negociación del tlcan.
[13] La literatura sociológica sobre
movimientos sociales es abundante y no nos atreveríamos a aventurar que nuestra
breve descripción hará justicia a la riqueza de perspectivas. Por ende,
sugerimos que una excelente fuente para conceptos teóricos es Zald and McCarthy (1987).
[14] El artículo de Aranda (2000) sobre
movimientos estudiantiles es un excelente trabajo que examina estas teorías de
movimientos sociales.
[15]
Para una revisión de la literatura en español sobre comando-control,
véase Brañes-Ballesteros (1994). Para una revisión de
incentivos financieros, véase el excelente libro de Alfonso Mercado (comp.) (1995).
[16] Los conceptos sostenible
y sustentable
se utilizarán de
manera indistinta en este trabajo.
[17] Usualmente se utiliza un análisis transectorial.
[18] Se define regla de base como ‘las reglas del juego’, el reglamento de la mesa redonda, los lineamientos que se seguirán en el desarrollo de la negociación.